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Soy un hombre no transexual

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  Soy un hombre, y cuando digo « soy» no me refiero a ninguna esencia, sino a que me etiquetó así el doctor que miró mi entrepierna a través de una ecografía meses antes de que yo naciera. Hoy, sin embargo, ser un hombre forma parte de mi identidad, no de mis genitales, no necesito tenerlos en cuenta para reconocerme como hombre, incluso podría modificarlos, extirparlos, o cambiarlos, y no cambiaría esa forma en la que yo me percibo. No es una etiqueta cualquiera, me otorga privilegios y desventajas, más de lo primero que de lo segundo, y nunca me ha producido excesivos conflictos, quizás porque he vivido en un entorno donde se puede ser hombre de formas diferentes.

Extirparse a Dios del cuerpo

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  Guatemala ha sido declarada esta semana Capital Provida de Iberoamérica por la entidad cristiana Congreso Iberoamericano por la Vida y la Familia , después de que su Congreso de la República aprobase una ley que discrimina a las familias LGTBIQ, elimina la educación sexual en las escuelas, y penaliza el aborto. Dicha entidad cristiana no dijo nada de la impunidad que existe en Guatemala con la violencia hacia las mujeres y las niñas, o sobre los ataques constantes a las personas que defienden la tierra o el medioambiente. Tampoco sobre el silencio, cuando no apoyo, del Gobierno guatemalteco ante las agresiones y asesinatos de personas LGTBIQ.

Alianza Evangélica Española. A vueltas con la LGTBIQfobia

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  « Evangélicos españoles ante la restricción de libertades » , así se llama el comunicado que acaban de firmar «las principales denominaciones evangélicas de España». Lo de la «restricción de libertades» lo dicen ellos, lo que no dicen es que quieren tener libertad para realizar discursos que generen odio y produzcan discriminación hacia las personas LGTBIQ (que ellos llaman «personas con atracción al mismo sexo o transexual», ese es el nivel). Y claro, no sé si a eso se le puede llamar libertad, pero si es eso a lo que se refieren cuando hablan de libertad en términos cristianos, pues les animaría a abrir sus Biblias y leer: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos». [1]

Nuestra naturaleza es la esperanza

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  Podríamos hacer correr ríos de tinta sobre cualquiera de los temas que aparecen delante de nuestros ojos cuando leemos los relatos bíblicos sobre el nacimiento de Jesús: la voz de las mujeres, el respeto a sus decisiones, la marginación social, la humildad, el servicio, el atreverse a correr riesgos, la opresión del poder, la diversidad familiar, el patriarcalismo… Pero hay uno que para mí se presenta como esencial para abordar el resto: la esperanza. Porque las personas LGTBIQ «necesitamos de la esperanza crítica como el pez necesita el agua incontaminada» [1] .

¿Te confiesas?

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  Uno de los significados de la palabra confesar según la RAE es: «Expresar voluntariamente los actos, ideas o sentimientos». Siguiendo esta acepción, podríamos decir que la confesión ha sido una de las herramientas más importantes que   hemos tenido las personas LGTBIQ para transformar nuestros entornos. Explicar con experiencias vividas el daño que nos ha producido la LGTBIQfobia ha cambiado más nuestro mundo que cualquier reflexión teórica de académicos y académicas queer. Y no estoy infravalorando estas reflexiones, todo lo contrario, porque nos han proporcionado un marco teórico para comprendernos; lo que pretendo decir es que sin confesión, estaríamos todavía en el mismo pozo donde nos lanzó la LGTBIQfobia.