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Con el COVID-19 #Yomequedoenlacalle

En este momento tan complicado que nos ha tocado compartir, el del Covid-19, yo intentó mantener las rutinas. Me levanto temprano, y mientras desayuno leo los periódicos para informarme de cuántas personas están ya infectadas y cuántas, lamentablemente, han fallecido. Después, reviso el correo para ver si mis alumnos me han enviado algún mensaje, les respondo y envío otras actividades. Cuando se levantan mis hijas, les ponemos el desayuno y subimos a la terraza para leer, o simplemente estirarnos al sol. Bajamos y nos conectamos todos al ordenador un rato para trabajar, hacemos la comida y, al acabar, una hora de descanso para hacer la siesta, escuchar música o dibujar. Retomo la jornada revisando los correos que me han vuelto a enviar los alumnos, mientras mi marido lee y mis hijas hacen un poco de inglés con Duolingo, escribo un poco, y a eso de las seis de la tarde damos por acabada la jornada de trabajo.
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El otro discípulo, el que amaba Jesús

Según el Evangelio de Juan el primer testigo de la resurrección de Jesús fue María Magdalena. Ciertamente el evangelista conocía otros evangelios cuando puso por escrito su relato, sin embargo tiene cierta credibilidad histórica que María Magdalena, junto a otras mujeres, fuese la primera en anunciar que Jesús había resucitado. Eso es lo que dicen los testimonios de fe de las primeras comunidades cristianas, y eso es lo que recoge también el Evangelio de Juan. Aunque no hay que olvidar que el evangelista con una evidente intención teológica, modifica la tradición a la que tenía acceso para hacerla encajar en su teología, y nos dice, que María no fue la primera en entrar al sepulcro donde habían puesto el cuerpo de Jesús, tampoco la primera en creer en la resurrección, ya que al principio pensó que el cuerpo de Jesús había sido robado.

Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al Sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que, si hallaba algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajera presos a Jerusalén. Pero, yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente lo rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?[1]”.

Se quieren colar, te quieren robar

Ser gay y cristiano hace que a lo largo de la vida tengas que enfrentarte a experiencias de abuso por parte de quienes se otorgan para sí la posesión de la verdad. Y aunque con el tiempo aprendes a ver detrás de tanto dogmatismo el miedo y la inseguridad, eso no quita que las palabras hieran, y que seas consciente de que vives en un mundo donde hay gente, también cristiana, que pretende hacerte daño a ti y a tu familia. Personas que se creen autorizadas para entrar en tu vida y decirte desde su posición privilegiada, cómo debes vivirla o definirla correctamente. Gente que parece sentirse segura porque ocupa un lugar de poder, ese que les otorga la heteronormatividad, y que las capacita para repartirnos la aceptación o exclusión divina.

Pin pinela

Tengo una crisis desde hace unas semanas que tiene que ver con mi profesión, y me gustaría compartirla con vosotras. Me dedico a la enseñanza, concretamente doy clases de matemáticas en un instituto de Barcelona. Bueno, o eso era lo que yo pensaba hasta ahora, porque el otro día mientras dibujaba en la pizarra un cilindro para explicarles a mis alumnos cómo calcular su volumen, me pregunté si no les estaba incitando a la homosexualidad (¡la heterosexualidad masculina es tan débil e inestable!). La cosa no quedó aquí, y casi me entró un síncope cuando me percaté de que había pintado el cilindro de amarillo (¿estaré transmitiendo al alumnado subconscientemente que quiero la libertad de los presos políticos catalanes?). Me giré aturdido para ver a mis alumnas (bueno, de sus padres y madres, o del Estado, ya no lo sé), pero parecía que no se percataban de mis elucubraciones (a las ocho de la mañana están todavía dormidas), así que les dije: “Obriu la llibreta i copieu el cilindre amb la f…