Dioses extraños




Excepto para quienes han decidido vivir contra toda realidad, o están atrapados en sus propias mentiras, es evidente que la diversidad es una de las características que define el mundo en el que vivimos. Somos seres diversos, que sienten diferente, y que se comprenden de maneras muy distintas. Al menos eso es lo que te encuentras cuando creas espacios de libertad donde la gente puede expresarse tal y como le gustaría ser. Es evidente que las distintas identidades, pese a sus limitaciones, pueden ayudarnos a intentar plasmar todo aquello que somos, aunque tampoco hay que obviar que con ellas corremos el peligro de graduar unas por encima de otras, o incluso negar o silenciar aquellas que nos parecen inaceptables.

“Muchísima gente habita cuerpos que odia”. Entrevista a Miquel Missé



El sociólogo y activista trans, Miquel Missé publicó hace unos meses “A la conquista del cuerpo equivocado” (EditorialEgales). Un libro en el que reflexiona críticamente sobre el discurso que afirma que el malestar de las personas trans está en su cuerpo, y que la solución pasa por transformarlo. Su reflexión es pertinente tanto para personas trans como cis[1], cristianas o ateas, ya que nos invita a repensar la relación que tenemos cada un* de nosotr*s con nuestro cuerpo, y cómo incide el entorno para que esa relación sea, o no, conflictiva. Así que agradezco a Miquel Missé que haya accedido a esta entrevista.

¿Cuándo y por qué nace la idea de escribir este libro? 

En primer lugar, muchas gracias por tu interés en mi trabajo y por planear estos debates en la comunidad cristiana LGTB. En cuanto al libro, parte de la sensación de que estamos en plena avalancha de referentes trans en los que a veces echo de menos discursos más críticos con la normatividad de género y corporal. El libro quiere abrir debates para enriquecer las políticas trans

Damares Alves y la princesa lesbiana de Frozen


Cuando hace unos meses la ministra brasileña del Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, Damares Alves (que además ha sido pastora evangélica), afirmó que “los niños visten de azul y las niñas visten de rosa”, me robó el corazón. Para quienes nos dedicamos a las matemáticas sabemos que son mágicas aquellas cosas que son irreductibles, básicas, elementales… Pues un cerebro con esas características debe tener la señora Alves. ¡No me digan que no es interesante! Lo más maravilloso de todo, lo que ha acabado incluso por arrebatarme mi pequeño cerebro compuesto por más de una neurona (una lástima, nadie es perfecto), ha sido  el comentario que hizo en su última predicación del domingo pasado, que venía a decir algo así como que Elsa (la princesa de Frozen) es lesbiana, y que con ella se está intentando abrir una brecha en la cabeza de las niñas de tres años para que acaben soñando con una princesa. No como la señora Alves, que cuando tenía tres años soñaba que un príncipe la venía a salvar del castillo en el que vivía recluida.  Aunque a algunos nos haya escandalizado un deseo tan prematuro, me alegro de que su sueño se haya cumplido y que el presidente ultraderechista Jair Bolsonaro la haya sacado del anonimato de la torre evangelical en la que vivía, y nos la haya regalado al común de los mortales para disfrutar de las afirmaciones más elementales que se pueden hacer con un cerebro humano.

Solo un Jesús machote puede salvarnos



Será que llevo uno días intensos, que quizás me estoy pasando con el café, o ambas cosas, pero el otro día tuve una experiencia de esas “extraordinarias” que me gustaría compartir con todas vosotras. Estaba yo durmiendo, en mi cama, con mi marido, cuando de pronto tuve la sensación de ser arrebatado (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; solo Dios lo sabe) y llevado a un paraíso evangelical. Que era tan divino lugar no lo deduje por la belleza de la estancia, o porque me produjera una sensación de paz y amor, en realidad me pareció un sitio muy triste y patético. Me percaté de que me encontraba en el paraíso evangelical cuando vislumbré a cuatro ángeles asexuados delante de mí, con sus sandalias, vestidos blancos, alas rebosantes de plumas, una diadema en su cabeza repleta de rizos rubios, y una cara de muy mala leche, que me decían: “En este paraíso, solo un Jesús machote puede salvarnos”. Yo buscaba por todos lados para ver si veía alguno, pero lamentablemente no lo encontré.



La cruz y la cama


Cuentan los evangelios que mientras Jesús agonizaba en la cruz las personas que pasaban por delante de tan terrible escenario le decían: “¡Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz!”. Y es que claro, tenían razón, los Hijos de Dios tienen otros sitios más honrosos donde morir: en su cama por ejemplo. Desde entonces hasta ahora, aquellos mensajes inhumanos han cambiado mucho, y ahora los guardianes del orden nos dicen a nosotras que para ser “Hijas de Dios” hemos de descender de nuestras deshonrosas camas, y subirnos a sus maravillosas cruces de neón para que todo el mundo pueda ver lo divinas que somos. No sé, pero tengo la sensación de que para mucha gente el cristianismo es un viaje de la cruz a la cama, o de la cama a la cruz.