No conozco varón


Antes de que a María se le apareciese el ángel Gabriel, esta tenía un compromiso matrimonial con un varón, concretamente con José. Que no se nos escape, el dato es importante: José era un varón. Y quizás podríamos preguntarnos que significa eso de ser varón, pero no es necesario, hace unos días el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Luís Argüello, nos lo explicó con claridad: “de sexo varón, de género varón y al mismo tiempo que su tendencia sexual no sea la atracción por el mismo sexo, sino que sea lo que la corporalidad masculina puede llevar consigo”.

Sí, lo de explicar con claridad era una broma, porque lo de sexo varón, pues queda así muy en el aire. ¿Qué tiene un pene varón? ¿Un cerebro varón? ¿Una genética (sea esta la que sea) varón? ¿O como mi amigo Antonio que nació con una vulva muy varonil? Respecto a lo de género varón, pues tres cuartos de lo mismo, porque no tengo ni idea de cómo ha de comportarse una persona para ser un varón. ¿Caminaba José con las piernas muy abiertas y escupía cada dos por tres al suelo? ¿Solía pegar a las mujeres y estaba dispuesto a hacer lo mismo con María si le llevaba la contraria? ¿Era educado, sensible y afectuoso? Con la información ofrecida por el señor Argüello me cuesta hacerme una idea. Sí creo entenderlo cuando dice aquello de que “su tendencia sexual no sea la atracción por el mismo sexo”, a José le debía gustar lo que a la inmensa mayoría de seres humanos: el sexo de otras personas distintas. El suyo lo tenía ya muy visto. Y respecto a la última frase de sus declaraciones, pues tengo que reconocer que me he perdido con todo eso de la corporalidad, la masculinidad y no sé qué cosa que lleva consigo. ¿Unos pantalones?

Pero volviendo a la historia inicial, a María más que la “varonilidad” de José, lo que le debió dar un susto de muerte fue que el ángel la saludara con unas palabras más extrañas que las del señor Argüello. Y aún más cuando le anunció que tendría un hijo (no un varón como José) que se llamaría Jesús y que se sentaría en no sé que trono de su padre David. La respuesta de María: “¿Cómo será esto?, pues no conozco varón”, vendría a ratificar los retrógrados planteamientos de Argüello, ya que parece estar afirmando que la labor de servicio tan importante que Jesús debía hacer, necesariamente tenía su origen en un buen varón. Pero la respuesta demoledora del ángel no dejó lugar a dudas, en pocas palabras vino a decirle: “ni falta que te hace”. La construcción del reino no tiene como presupuesto lo varonil, sino la voluntad salvadora de Dios. “Aquí está la sierva del Señor, hágase conforme tu palabra”, acabó por decir María. Creo que finalmente  entendió que la elección de Dios rompe los esquemas retrógrados y opresivos en los que solemos movernos los seres humanos.

Cada vez hay una oferta más diversificada para el colectivo LGTBIQ en las ciudades de todo el mundo: bares donde cualquiera puede bailar con la música más petarda, discotecas solo para chicas, asociaciones para deportistas, para familias con hijos e hijas, para personas de la tercera edad… Todo el mundo tiene derecho a divertirse o crear entidades que respondan a las necesidades de un determinado grupo de personas. La Conferencia Episcopal Española no iba a ser menos y pide a los aspirantes al sacerdocio católico (cito a su portavoz Argüello): “que se reconozcan y sean enteramente varones, por lo tanto heterosexuales”. No voy a entrar aquí a reflexionar porqué quieren varones enteros, y qué relación tiene para ellos ese ser varón entero con la heterosexualidad. Cada uno cataloga la realidad con la capacidad que le permite el cerebro que tiene. Me resulta más doloroso el silencio de muchos varones enteros que se dedican al sacerdocio católico (y no católico), y de aquellos otros que no lo son tanto, pero que tragan con lo que les echen. Seguro que ya habrán encontrado una buena justificación a las diabólicas palabras de Argüello.

A día de hoy creo que cristianos y cristianas con un mínimo sentido común entienden que el mesías cristiano nació en un cuerpo determinado, en una cultura concreta y en un momento histórico. Pero ninguno de esos accidentes, por mucho que puedan contener un mensaje importante, son la razón de la elección divina. No creo que la sorpresa de María hubiera sido mayor si el Ángel le hubiera dicho que daría a luz una maravillosa niña lesbiana que reinaría sobre la casa de Raquel para siempre y que su reino no tendría fin. Y tampoco creo que esa maravillosa niña lo hubiese hecho mejor o peor que Jesús. La única identidad relevante cuando nos acercamos a Jesús, es si realmente reveló la voluntad de Dios, y si de verdad Dios lo exaltó después de su muerte. 

Los penes pueden tener un gran valor para la Conferencia Episcopal Española, la heterosexualidad puede ser la panacea que ellos mismos no están dispuestos a consumar, los homosexuales pueden ser lo más bajo entre los varones. Pero lo que ellos piensen no tiene valor alguno si no tiene continuidad con el mensaje del evangelio, ese que con historias como las del anuncio del nacimiento de Jesús nos transmiten lo que también Pablo expresa al decir: “lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte[1]”. Así que, en esa escala cristiana que trastoca todo lo que vemos tan evidente, los que no son enteramente varones (signifique lo que signifique esta burrada) deberían ser los primeros en acceder al servicio de cualquier comunidad cristiana. Ahora bien, también deberían ser los primeros en abrir la boca para denunciar la discriminación. Los primeros que, como María (que no era varón), se atreviesen a enfrentarse a la incomprensión de su entorno y de su iglesia, si con ello colaboran en hacer presente el reino de Dios en el mundo.



Carlos Osma





Notas:



[1] 1 Co 1,27





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