La vida ex-gay es una mentira


Hace unos días leí la entrevista que una revista ultraconservadora católica realizó a Alberto, un joven evangélico que afirmaba haber abandonado el “estilo de vida” homosexual. No hizo falta hacer un análisis muy profundo para entender los mensajes principales de la entrevista: La orientación homosexual no existe, es simplemente una disfunción originada por factores ambientales y educacionales, que con una terapia adecuada puede llegar a curarse. Esta “curación” es lo máximo a lo que una persona que cree ser homosexual puede aspirar, puesto que la vida que le esperaría como gay o lesbiana es de continua insatisfacción, búsqueda de pornografía, infelicidad, etc... En pocas palabras, la propaganda homófoba de siempre, puesta en boca de un joven de 20 años, que indudablemente ha tenido que sufrir mucho.

Al poco tiempo la entrevista fue publicada íntegramente en la revista Actualidad Evangélica, de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, sin ningún tipo de aclaración, o comentario crítico sobre lo que en ella se decía. Hasta el momento, ésta misma revista, que debería reflejar el pensamiento de todos los evangélicos, y no sólo de la mayoría, nunca ha publicado ninguno de los muchos testimonios de evangélicos que han pasado ya por la misma experiencia de éste joven canario, y que advierten de cual es el final al que evidentemente se verá abocado, tarde o temprano.

Les recordaré concretamente tres bastante conocidos en nuestro país: José Luís Macarone(1), enviado hace 10 años a España por Exudus Internacional para introducir esta organización que pretende curar la homosexualidad, Alberto Rodrigo(2), conocido cantante de música cristiana que vivió desde dentro los encuentros de supuestos exgays cristianos en Norteamérica, o Àngel Llorent(3)  que durante años recibió terapia por parte de psicólogos evangélicos para abandonar su orientación homosexual. Todos ellos nos han dejado testimonios claros de lo destructivas que son las terapias de reorientación, y de las secuelas psicológicas y físicas que les han acarreado. Los tres, al final, como cientos de homosexuales evangélicos en nuestro país, pudieron escapar con vida de ellas, pero, y esto hay que decirlo abiertamente, no todo el mundo ha podido.


Pero, ¿por qué esta cerrazón?, ¿por qué no atenerse a las indicaciones de las principales y más importantes organizaciones psicológicas y médicas del mundo que alertan del peligro y la inutilidad de estas terapias?, ¿todo vale, para no enfrentarse a la realidad de que la lectura fundamentalista de la Biblia es un error?, ¿aunque se destruya la vida de miles de personas? Parece ser que sí, que están tan cegados por “su verdad” , “sus prejuicios”, y “el mensaje que han recibido de su dios”, que no importa quien caiga. Mal van por ese camino.... “Misericordia quiero, y no sacrificios” , clamaba el profeta, pero para éstos no hay profeta que valga, están dispuestos a sacrificarlo todo al dios que se han montado a su imagen y semejanza.

Le deseo lo mejor a Alberto, espero de verdad que pronto pueda llegar a ser lo que Dios ha querido para él, y que descubra que no existe la vida gay, sino la vida de personas que aman a otras personas de su mismo sexo, y nada más. Que ser gay no obliga a nadie a ser lo que no quiere ser, que no existe una manera de ser gay o lesbiana, que se puede ser de muchas formas y que eso lo escoge y construye cada uno. Que puede ser feliz, infeliz o ambas cosas a la vez, así es la vida, la de los heterosexuales y la de los homosexuales... aunque evidentemente tendrá que esforzarse y ser más valiente que la media para conseguir vivir con normalidad. Como contrapartida, su vida será más rica y profunda, como la de todas aquellas personas que han tenido que construir su propia identidad no dejándose arrastrar por la norma.

Lo único que quiero advertirle para terminar, es que todos los que ahora le están aplaudiendo, desaparecerán en el mismo momento en el que se atreva a decir la verdad, será como si no existiera, le harán el vacío. Es lo que les ha ocurrido a las decenas de personas evangélicas homosexuales con las que he hablado... en aquel momento, ya no podrán utilizarle, y buscarán otro sacrificio para “su dios” y “su verdad”. Pero el Dios que está en este momento a su lado, lo seguirá estando entonces, y si se agarra a lo que pueda de Él, podrá salir adelante, construyendo otro mundo, otra vida, y otra manera de verse y amarse a sí mismo. Y si lo necesita, aquí habrá personas, con las que compartir este difícil camino, que lleva hacia la dignidad y libertad, a la que Dios nos ha llamado.

Carlos Osma


Notas:

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