Ferede se vuelve a enredar con las terapias de conversión

 

 

La semana pasada el Congreso español aprobó una reforma del Código Penal que castigará «con pena de prisión de seis meses a dos años, y multa de ocho a veinticuatro meses, al que aplique o practique sobre una persona, aun con su consentimiento o el de su representante legal, actos, métodos, programas, técnicas o procedimientos de aversión o conversión». Sin duda, un avance en el respeto a la diversidad que pretende evitar un sufrimiento absurdo a muchas personas.

 

El partido de ultraderecha VOX se opuso a esta reforma, y su compañero de viaje hacia la España de 1939, el PP, decidió abstenerse. No sin antes dejarnos una intervención absolutamente ridícula del diputado Jaime de los Santos que, ante la falta de valentía para saltarse la disciplina de voto, decidió no decir ni una sola palabra sobre las terapias de conversión, pero sí confesarnos que: «Soy maricón, soy del PP, y me siento muy orgulloso de ambas cosas, y de todo lo que han hecho por mí». Una cristalina confesión de que no está al servicio del bien de todos, sino al de su partido, para devolverles todo lo que han hecho por él. Pero también una mentira, porque él no es un maricón; él es ante todo una persona con privilegios que está dispuesta a todo para no perderlos.
 

La Ferede, esa entidad impuesta por el Estado como única representante del movimiento evangélico español, pero que hace ya tiempo decidió representar sobre todo a su parte más fundamentalista —que es mayoritaria—, se ha unido de nuevo a la derecha y ultraderecha política para mostrar su preocupación porque esta reforma penal «termine afectando a acompañamientos espirituales o familiares solicitados libremente»[1]. No sé si el protestantismo más progresista ha dado por imposible a esta Federación o piensan que las personas evangélicas LGTBIQ+ no merecen más esfuerzos, pero la realidad es que no he leído ninguna crítica que provenga de estos entornos contra el posicionamiento de la Ferede en este punto.

 

Lo que queda muy claro es que estas terapias se están realizando hoy dentro de comunidades o entidades evangélicas; eso lo sabemos los evangélicos y protestantes LGTBIQ+, y lo reconoce la propia Ferede, aunque las denomine «acompañamientos espirituales». Y esto último nos permite ver con meridiana claridad la falta de empatía que «nuestros» representantes ante el Estado tienen hacia el trato inhumano que han sufrido y sufren demasiados evangélicos LGTBIQ+. ¡Qué violencia deben padecer —la mayoría jóvenes, o incluso adolescentes— para que quieran cambiar «libremente» su identidad de género o su orientación sexual! 

 

Sí, Ferede representa entidades, comunidades; pero esas entidades y comunidades dicen ser cristianas, por lo que la capacidad de ponerse en el lugar de las víctimas debería ser una de sus prioridades. Ferede ha mantenido contactos con la Dirección General de Libertad Religiosa para mostrar su «preocupación» por esta reforma legal, pero no ha mostrado ningún interés por ponerse en contacto con las víctimas evangélicas de esas terapias. Les recomiendo que abran una dirección electrónica a la que estas personas puedan enviar sus experiencias. A lo mejor, si les queda todavía algo de empatía, se percatan de que Ferede mancilla el testimonio evangélico dando cobertura a estas terapias.

 

Y es que, por muy alejado que esté de las posiciones fundamentalistas que hoy dirigen la Ferede, y por mucho que nuestras voces clamen en un desierto, no podemos más que pedir a Ferede lo que debería ser evidente para cualquiera que diga seguir el Evangelio: que se posicione con claridad y rotundidad contra el sufrimiento que producen las terapias/torturas de conversión, expulse a las comunidades o entidades que les dan cobertura, pida perdón a las personas evangélicas/protestantes que las han sufrido y les dé voz para que puedan ser escuchadas y restituidas. Esta reforma legal es más Evangélica que los valores que en este momento defiende Ferede.

 

Estamos en un momento de retroceso en cuanto a derechos y libertades, un momento en el que como cristianos deberíamos hacer todo lo posible para frenar esta involución democrática. Avergüenza ver a «nuestras» entidades evangélicas estar más cómodas con los procesos de involución democrática y de recorte de derechos que con la defensa de libertades básicas como la libre expresión de quién uno es, o de a quién una ama y/o desea. Y tengo que reconocer que me es imposible comprender a quienes en nombre del evangelio —el de Jesús seguro que no es— no solo han decidido cerrar los ojos y los oídos ante el sufrimiento de sus propios hermanos evangélicos, sino que quieren seguir manteniendo los espacios donde esto sucede. No tengamos miedo de denunciarlo: no es ni cristianismo ni Evangelio, es fundamentalismo y odio.

 

Carlos Osma
 

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Notas:

[1] https://ferede.es/recordamos-nuestras-advertencias-sobre-la-reforma-penal-de-las-llamadas-terapias-de-conversion/

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