Dios se nos revela en el amor queer de Jesús

 


Presentación del libro El discípulo que[er] Jesús Ɐmaba, de Carlos Osma. (Dr. Víctor Hernández Ramírez).[1]

 

Me honra el poder participar en esta presentación del segundo libro de Carlos Osma. Recuerdo cuando le escuché por primera vez hace unos 18 años, en la iglesia evangélica de la calle Tallers de Barcelona, en una presentación sobre la fe cristiana y la homosexualidad.

 
Aquella tarde, Carlos habló de su experiencia de fe, marcada por la difícil resistencia a la violencia homofóbica, pero definitivamente ligada a la esperanza en el Jesús de los evangelios. No el Cristo de las predicaciones cargadas de condena y de superioridad moral, que parecen obsesionadas con la represión sexual. Tampoco el Cristo que destila hipocresía cuando dice que no es homofóbico pero repite una y otra vez que ama a todos y que odia el pecado, cuando en realidad le complace poder señalar su menosprecio hacia quienes considera indignos de tener cerca.

 

Carlos nos hablaba de su vida, pero sobre todo, de su amor por el Jesús que se nos relata en los evangelios y que desde allí viene a nuestro encuentro. Se refería a ese Jesús que buscamos pero que parece haberse perdido en las muchas imágenes distorsionadas que la religión ha levantado. Esas imágenes de otro Cristo, que solamente es propiedad de algunos, que quienes se ajustan a una normativa, a un mundo de pureza, al mundo de los justos.

 

Pero Carlos no quería rendirse ante esas imágenes del Cristo homofóbico de las iglesias, sino que quería encontrar y seguir a ese Jesús del camino, de la mar, que se sentaba con mujeres y hombres, con prostitutas y publicanos, para hacerles soñar un mundo nuevo, un mundo de justicia y paz verdadera llamado reino de Dios.

 

Hallar y seguir a ese Jesús de los evangelios es lo que Carlos nos muestra en su libro El discípulo que[er] Jesús Ɐmaba. Lo hace por medio de siete fragmentos del evangelio de Juan, que son siete escenas en las que somos introducidos en el seguimiento de Jesús por medio de esa figura del discípulo queer, el discípulo amado por Jesús de una manera intensamente queer.

 

Y me parece que Carlos consigue algo que es particularmente difícil de conseguir en el acercamiento hermenéutico a los relatos bíblicos: hacer que sea transparente el muro que nos separa del mundo lejano de un texto que se escribió y que se leía a finales del siglo I e inicios del siglo II, y que sea accesible para nosotros, que vivimos en el siglo XXI.

 

Ese trabajo de análisis, utilizando la metodología narratológica, no solamente consigue hacer transparente ese muro, sino que además nos introduce en las situaciones mismas, nos hace mirar y sentir lo que allí acontece, en esos encuentros con Jesús, en sus conversaciones, de manera que los lectores llegamos a vivirnos como participantes del relato.

 

Me ha gustado en particular el planteamiento teatral de la estructura del libro, puesto que son escenas y en cada una de ellas se despliega una visión profunda sobre quién es Jesús y lo que nos revela su presencia.

 

El planteamiento fundamental de esta lectura narratológica, desde el testimonio del discípulo amado por Jesús, es que el amor de Dios es un amor queer.

 

En otras palabras, la propuesta del evangelio de Juan es que el amor de Dios, revelado por medio de Jesús, es un amor que no puede encajar en los moldes instituidos del amor, sino que se nos revela como un amor esencialmente queer. Y aquí hemos de recordar que la noción queer es la inversión de un término que define lo abyecto, lo marginal y despreciable, para volverse una autodefinición que reivindica la dignidad propia, la decencia fundamental que tiene alguien rechazado y denigrado.

 

Por lo tanto, el evangelio de Juan, en la propuesta de Carlos, nos hace ver que el amor de Dios no puede entenderse como el amor en nuestros términos: amor heterosexual, amor que idealiza y es idealizado, amor mercantilizado, amor hipócrita, amor que guarda las apariencias pero que oprime y daña al otro, amor que es exclusivo de gente bonita y exitosa, amor que impone la dictadura de la felicidad, amor que niega las imperfecciones y las sombras, amor que genera placeres incesantes y a la mano del consumidor, amor eterno que niega la muerte y los duelos. Todo esto forma parte de lo que el mundo entiende por amor, y que exige que eso sea el amor. Pero eso no es el amor de Dios, ni el amor que es Dios puede encajarse en esos moldes. Como lo dice Carlos al final de su libro: dios es amor queer.

 

Y la clave está en la figura del discípulo amado, o más bien, el discípulo que Jesús amaba. Se trata de una figura que parece marginal y que es enormemente significativa, porque sus escasas apariciones son el indicio de que todo el evangelio de Juan está marcado por su testimonio, por la mirada del testigo que nos muestra a Dios como el amor queer que puede salvar el mundo entero.

 

Ahora bien, aquí es donde también se puede decir algo crítico a la propuesta de Carlos: ¿no tiene lugar una cierta idealización de lo queer cuando se le coloca en una posición privilegiada que sabe reconocer este amor de Dios, frente a la ceguera del cis o el hetero? ¿no se idealiza en cierto modo la experiencia queer (que por otro lado, no es una experiencia monolítica, sino muy compleja y heterogénea), desde la cual se interpreta el relato evangélico?

 

En cierto modo, esto recuerda la crítica a la teología de la liberación cuando se planteaba el lugar privilegiado del pobre para la reflexión teológica, puesto que podía hacer del pobre una forma sutil de idealización, una formulación ideológica pero de otra manera.

 

Ahora bien, lo cierto es que la revelación bíblica no adopta una posición neutral. Como nos decía Barth: el Dios bíblico toma partido, al lado del pobre o marginado, y contra el rico y el opresor. En términos de nuestro libro: el Dios bíblico toma partido a favor de maricas, bolleras, transexuales, y todo lo queer, y en contra del poder patriarcal y heteronormativo, y por tanto en contra de las formas de homofobia (o queerfobia) que las iglesias han mantenido por mucho tiempo.

 

En este sentido, necesitamos las relecturas de la Biblia desde la perspectiva queer, y en esto es inmensamente valioso el trabajo de Carlos. Las necesitamos y hemos de conversar y dialogar en torno a esta mirada, que nos permite reconocer la ceguera a los modos como estamos atravesados por una heteronormatividad que, desde la perspectiva bíblica, es pecaminosa.

 

Y también necesitamos leer este trabajo desde la perspectiva que Carlos ha querido plantear, que es el llamado o la invitación al seguimiento de Jesús. Es decir, que su planteamiento es el de una interpelación, el de una demanda que nos hace el Jesús del evangelio de Juan: ¿quieres conocerme, quieres saber quién soy? Ven, sígueme. Y ese camino, el seguimiento de Jesús, es un camino que se expresa como amor queer, es decir como un amor que rompe con todos los moldes del amor instituido.

 

Y aquí es donde también lo queer es objeto de interpelación, porque el problema de la crítica al orden heteronormativo tiene una implicación política que es compleja, y tiene que ver con la manera como proponemos que se construya una vida de inclusión y de respeto a la diversidad, donde son necesarias las reglas y las normas que estructuran la vida del presente y del porvenir.

 

Yo escribí un pequeño texto, haciendo un debate lateral con la importante crítica que Paul Preciado le hacía al psicoanálisis.[2]

 

Pero creo que también lo queer es interpelado por el evangelio. Esto quiere decir que el amor queer de Dios, esa revelación de Dios como amor queer, no es idéntica ni se confunde con la acción política ni con las prácticas queer.

 

Y eso se nos muestra precisamente por el testimonio del discípulo amado por Jesús, y amado queermente por Jesús: es un testigo, cierto, pero es un testigo dentro del mismo evangelio, lo que hace que su testimonio sea Palabra de Dios, revelación.

 

Por supuesto, como nos dice Carlos, este discípulo apunta a una figura literaria y también histórica, a una persona y a una comunidad. El discípulo amado es un cuerpo que se recuesta en el pecho de Jesús, con toda la carga erótica y afectiva de esa intimidad que tienen las experiencias espirituales realmente profundas.

 

Pero este discípulo amado está en el evangelio de Juan, y es un testigo. Y un testigo se reconoce como tal únicamente a posteriori.

 

Los psicoanalistas decimos que el papel de una figura testimonial solamente se puede reconocer tiempo después de que acontecieron los hechos: Testigo no es quien quiere ser testigo o quien dice que es testigo, sino que testigo es aquel que es reconocido como tal porque sus acciones encarnaron unos valores y su testimonio nos tocó y nos transformó.

 

Pero la verdad de un testimonio solamente se puede reconocer después, cuando aquel testimonio ha dado un fruto en nosotros, en nuestra vida, tiempo después.

 

Creo que por eso, el libro mismo de Carlos es un reconocimiento a los discípulos amados queermente por Jesús, que fueron testigos que le llevaron a Jesús, que le condujeron al seguimiento de Jesús. Su descubrimiento del discípulo que[er] Jesús Ɐmaba es también un testimonio de su gratitud a esos testigos queer, que le condujeron a esa experiencia de seguimiento y encuentro con el Jesús de los evangelios.

 

Entonces, deberíamos volver a leer aquellas famosas palabras de Albert Schwitzer[3], pero en clave queer:

 

Al igual que un día se apareció a orillas del lago ante las gentes de Galilea, que no sabían quién era, Jesús vuelve a presentarse hoy ante los hombres de nuestra época como [queer] un desconocido sin nombre. A éstos vuelve a decirles lo que les dijo a aquellos: ¡Tú sígueme! y les propone las tareas que él tiene que realizar en nuestro tiempo. Jesús ordena. A quienes le obedezcan, sean sabios o iletrados, se les revelará en la experiencia de paz, de acción, de luchas y de sufrimientos, consecuencia de la comunión [queer] con él. Al final descubrirán, como un misterio indecible, quién es Jesús.

 

Dr. Víctor Hernández Ramírez

 

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Notas:

[1] Psicoanalista. Doctor en psicología. Pastor protestante (IEE). E-mail: herramv@gmail.com

[2] Víctor Hernández Ramírez, “El psicoanálisis frente a una teoría de la vida y la diversidad de género. ¿Se puede vivir sin leyes de normalización?”, Revista Intercanvis. Papers de psicoanàlisi. No.48, juny de 2022, pp. 79-90.

[3] Investigación sobre la vida de Jesús (Geschichte der Leben Jesu Forschung).

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