martes, noviembre 13

La Iglesia de Sodoma


Actualmente muchos inmigrantes encuentran en las iglesias un lugar donde se sienten acogidos, una segunda familia que reemplaza en parte la que han tenido que dejar en su país. Hace un par de años conocí a un joven homosexual Iraní que, para salvar la vida, había huido de su hogar. Mientras hablaba con él pensaba, que si quería mantener su dignidad, en la mayoría de iglesias no sería bien recibido. Y es que su orientación sexual, “a priori”, ya le excluye.

El relato de Sodoma y Gomorra de Gn 19:1-29, o su paralelo (Jue19), es un texto que encierra un mensaje ante esta situación tan injusta. Sé que los más conservadores literalistas, dirán que el texto no admite interpretaciones, y que mi amigo Iraní no sale muy bien parado. En el lado contrario, los que han decidido rechazar esta historia como palabra de Dios, explicarán con toda razón, que con ella se refuerza el odio que cada año asesina a miles de homosexuales.

Podría empezar situándome en el campo de los literalistas y advertir que el texto no dice explícitamente que el pecado de estos hombres sea la homosexualidad, esto es pura invención. Por decirlo de otra forma, en otros textos de la Biblia aparecen “violaciones heterosexuales”,  y nadie  deduce por ello que el pecado sea la heterosexualidad. El pecado, en todo caso sería la violación, e imagino que todos nosotros la condenamos, independientemente de la orientación sexual del que la realiza.

Lo que me gustaría que viesen, es que ellos tienen una concepción de la homosexualidad negativa y prefijada antes de acercarse al texto; pero no contrastada con la realidad, y que por eso hacen una lectura determinada. En su mente relacionan homosexualidad y degeneración ¿Cuál es la razón para ello? La educación, el desconocimiento, el miedo...En el mismo texto Lot ofrece a sus hijas para ser violadas, ¿Deberíamos condenarle por ser hombre, por ser heterosexual, por ser judío, por ser egoísta, un mal padre quizás? Evidentemente según el texto no, pues en aquella época la dignidad y la vida de dos mujeres tenía menos valor que la de dos hombres, una concepción injusta que nadie acepta hoy en día como querida por Dios, sino originada por motivos económicos, culturales, sociales, etc...


Los cristianos releemos toda la Biblia a la luz de Jesús, él es nuestra norma, nuestra interpretación, por encima de nuestros prejuicios y nuestras convicciones. Él es el único que se atreve a decirnos: “Oísteis que fue dicho….Pero yo os digo…”. Y Jesús nos habló sobre este texto sin hacer ningún tipo de referencia a la homosexualidad: “Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad” (Mt 10: 14-15). De hecho en ningún lugar de la Biblia, cuando se habla del pecado de Sodoma y Gomorra, se dice que sea la homosexualidad de sus ciudadanos. 

Jesús relacionó este texto, como muchos otros antes que él, con la hospitalidad. Las ciudades que no acojan a sus mensajeros recibirán el castigo de Dios. Ezequiel, por ejemplo, hablando sobre el pecado de Sodoma dice: "soberbia, gula y bienestar apacible, no socorrieron al pobre y al indigente" (Ez 16, 49-50). La Torá judía por su parte nos aclara: "Los hombres de Sodoma sólo estaban corrompidos a causa de la riqueza que Dios había despilfarrado en ellos... Dijeron: Si en nuestra tierra crece el pan, y tiene el polvo de oro, por qué debemos recibir forasteros que sólo vienen a llevarse nuestra riqueza? ¡Vamos!, hay que abolir la práctica de alojar a los viajeros en nuestra tierra...".

Interpretar Sodoma como justificación para rechazar al homosexual es una posibilidad. Una forma de seguir manteniendo el odio hacia personas que a lo largo de la historia han tenido que vivir huyendo de si mismos y de los demás. Pero esta interpretación se aleja de todo principio evangélico porque genera sufrimiento y muerte.
Acercarse a Sodoma para denunciar la falta de hospitalidad, de tolerancia del ser humano con los extranjeros, los discriminados o simplemente con los que traen opiniones y visiones diferentes, es una forma de abrir este texto a la felicidad y la vida.

Actualmente la mayoría de iglesias cometen el pecado de Sodoma con nosotros, los homosexuales. La mayoría de lesbianas y gays que conozco hemos tenido que salir huyendo de ellas como hizo Lot para salvar la vida, en este caso espiritual y emocional. A veces hemos deseado que cayese fuego sobre ellas para que Dios hiciese justicia con nosotros. Pero el Dios en el que creemos, no es el de Sodoma, sino el que nos reveló Jesús. Este es el mismo Dios al que se acercó Abraham, en el encinar de Mamré, para interceder por Sodoma: “Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?” (Gn 18: 24). Intercedemos también hoy nosotros por nuestras Sodomas, por nuestras iglesias.

                                                                                                                     Carlos Osma

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