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Mostrando entradas de enero, 2020

Pin pinela

Tengo una crisis desde hace unas semanas que tiene que ver con mi profesión, y me gustaría compartirla con vosotras. Me dedico a la enseñanza, concretamente doy clases de matemáticas en un instituto de Barcelona. Bueno, o eso era lo que yo pensaba hasta ahora, porque el otro día mientras dibujaba en la pizarra un cilindro para explicarles a mis alumnos cómo calcular su volumen, me pregunté si no les estaba incitando a la homosexualidad (¡la heterosexualidad masculina es tan débil e inestable!). La cosa no quedó aquí, y casi me entró un síncope cuando me percaté de que había pintado el cilindro de amarillo (¿estaré transmitiendo al alumnado subconscientemente que quiero la libertad de los presos políticos catalanes?). Me giré aturdido para ver a mis alumnas (bueno, de sus padres y madres, o del Estado, ya no lo sé), pero parecía que no se percataban de mis elucubraciones (a las ocho de la mañana están todavía dormidas), así que les dije: “Obriu la llibreta i copieu el cilindre amb la f…

Adecentando al indecente

Hay veces que me pregunto cómo es posible que architeólogos y viceteólogas que se han estrujado el cerebro estudiando en las más prestigiosas facultades de teología con sello evangelical, se atrevan a decirnos que la única posibilidad de leer la Biblia es al pie de la letra y que todo lo demás son engaños de munditeólogos y femiteólogas liberales que no tienen otra cosa que hacer que engañar al personal. Y es que sinceramente considero que, sin necesidad de una formación teológica superior, únicamente sabiendo leer y teniendo un mínimo de sentido crítico, uno se da cuenta ojeando la Biblia de que ni siquiera sus propios autores le dieron demasiada importancia a eso de la literalidad.