miércoles, mayo 31

Los padres con los que el obispo Xavier Novell sueña


Hoy escuchaba en televisión que en una homilía dominical el obispo católico Xavier Novell había relacionado la homosexualidad con la falta de una figura paterna. Como es habitual los medios de comunicación se han quedado sólo con el titular, y a mí no me ha interesado lo más mínimo profundizar en el sermón que contenía tamaña absurdez. De todas formas me ha parecido bastante revelador que para este señor el mundo sea una cosa exclusivamente de hombres. No hay mujeres lesbianas, ni madres, ni abuelas, ni tías... Lo único que echa en falta el obispo son hombres como Dios manda que ejerzan el papel de padres sin dejarse avasallar ni difuminar (¿por la feminidad?). Hombres que lo ocupen todo, de esos de ordeno y mando, de los que están convencidos que Dios les ha dado a las mujeres un papel distinto y complementario al suyo (el de la invisibilidad).


Como los medios de comunicación no paran de molestar al señor obispo que ha sido declarado persona “non grata” en la población de Cervera, y el peligroso lobby LGTBI se manifiesta a las puertas de la iglesia; me atrevo a recomendar a sus feligresas que hagan una colecta para pagarle un viaje a algún lugar remoto, donde al menos durante una o dos semanas pueda estar alejado de los focos. Podría ser un viaje a Chechenia, lo digo porque allí hay padres de esos con los que el señor Xavier sueña: padres que llevan la voz cantante, que saben como se comporta un hombre de verdad. Padres que no tienen hijos homosexuales, o que si tienen alguno que se deja engañar por el lobby LGTBI, lo envían a un campo de concentración para reorientarlo (torturarlo), le animan (obligan) a huir del país, o sencillamente lo asesinan. Sí, esos mismos hombres, que maltratan a sus mujeres sin que estas puedan siquiera denunciarlos, o que les roban a sus hijos cuando se divorcian, porque según la tradición los hijos deben ser criados junto al padre (no vaya a ser que se conviertan en gays).

De todas maneras, si el obispo Novell fuese medianamente inteligente y de verdad se creyera su absurdo comentario, sería mejor para su diócesis (que cada vez tienen menos vocaciones y hace años que no ordena sacerdotes) acabar con la paternidad que a él le gusta. Lo digo porque, aunque no hay datos fiables, algunos estudios apuntan a que al menos el 30% de los sacerdotes son gays, porcentaje que aumenta hasta el 50% en el Vaticano según Krzysztof Charamsa. Así que si lo piensa bien, la próxima vez que se encuentre frente a un escrache LGTBI, en vez de ser escoltado hasta un magnífico coche para huir lo antes posible, debería acercarse tranquilamente a evangelizarles (o a dejarse evangelizar). En la población LGTBI tiene una potencial cantera de sacerdotes. Además si están gritando y saltando frente a la iglesia un domingo por la mañana, en vez de estar durmiendo como el resto de mortales de su edad, es porque es gente comprometida que tiene ideales y lucha por un mundo mejor. Si algún día se atreve a hacerlo, le recomiendo que antes de nada, empiece por pedirles perdón, a nadie le gusta que insulten a su padre.

Me gustaría también recordarle al obispo (ya que se ha tomado la libertad de hablar de mi familia) que según el Nuevo Testamento1, entre las características que debe tener un obispo está la de ser una persona equilibrada y hospitalaria. Y creo que ha quedado muy claro que en esta ocasión no ha sido ni lo uno ni lo otro. Por un lado, porque se ha hecho portavoz de una ideología marginal que durante décadas culpabilizó a las personas LGTBI y que hace tiempo ha sido desmentida; y por otro, porque con esas palabras está invitando a muchas personas a abandonar la iglesia. Eso no es ser un buen obispo, ya que en vez de ofrecer el sacramento de la reconciliación entre todas las personas a las que sirve como pastor, promueve el enfrentamiento y la marginación.

No conozco al padre del obispo, y me niego a devolver el insulto, espero que haya sido un buen padre. Pero lo que tengo muy claro es que, además de ser hijo, a Xavier Novell le hubiera venido muy bien haber seguido el consejo que da el Nuevo Testamento a los obispos: estar casados y tener una familia. Si hubiese sido padre le hubiera sido más difícil juzgar a otros padres, e incluso podría entender mejor al suyo. Cuando uno se atreve a hablar de cosas que desconoce, es fácil meter la pata. Ser hijo no es fácil, pero tampoco ser padre, y lo que debería hacer el cristianismo es acompañar a todas las familias y no estigmatizar ninguna. Y si quiere tener un modelo de padre ausente, no hace falta que vaya muy lejos de su iglesia, o insulte a los padres que tienen un hijo gay, que mire al Cristo crucificado de su iglesia y recuerde sus palabras: “Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado”.


Carlos Osma

Nota:


11 Tim 3

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