martes, junio 14

Atentado en un club (gay) de Orlando


Leo la noticia de la barbarie de Orlando en el periódico y ninguna pista sobre la razón por la que Omar Mateen eligió el Club Pulse para cometer el atentado y no el de la acera de enfrente. A primera vista la motivación parece ser xenófoba, porque se recalca varias veces que la discoteca celebraba una fiesta hispana. O en todo caso, por el fanatismo religioso del asesino, un atentado islamista, un nuevo ataque contra Occidente por parte de otro seguidor de ISIS. Bien es cierto que en un párrafo de la noticia se afirma que uno de los supervivientes, Dean, perdió a su novio en la tragedia. ¿Novio de Dean? ¿Es una errata o Dean era gay? ¿Había algún homosexual más en esa fiesta?
 
El Vaticano parece estar tan perdido como yo, según la nota que P. Federico Lombardi ha enviado a los medios de comunicación, las víctimas son... inocentes (no se si de aquí tenemos que suponer que en otras ocasiones hay víctimas que se lo merecen), además comenta Lombardi que el Papa Francisco espera que pronto se esclarezcan las “oscuras razones” por las que Omar Mateen eligió este peculiar club para realizar el atentado más mortífero en territorio estadounidense desde las Torres Gemelas. ¿Oscuras razones? ¿Insinúa el vaticano que el lugar del atentado no se eligió al azar? ¿Hay alguna turbia y oscura razón por la que este fanático perturbado eligió el Club Pulse?

En el plató de Sky News, el escritor inglés Owen Jones monta un numerito y se marcha indignado de una tertulia que analizaba las razones de lo ocurrido en Orlando. El presentador y la otra tertuliana no paraban de contradecir a Owen cuando este afirmaba que el Club Pulse es un club gay y que estamos ante un atentado LGTBIfóbico. ¿Y porqué tanta gente ocultaba este dato? ¿Porqué se puede decir que se celebraba una fiesta hispana y no que esa fiesta era para la comunidad LGTBI hispana de la ciudad? Owen Jones antes de levantarse y salir del plató lanzó una certera pregunta: ¿Si el atentado hubiese ocurrido en una sinagoga no estaríamos hablando de antisemitismo? Entonces, si ha ocurrido en un club gay: ¿Por qué no decimos claramente que es un atentado LGTBIfóbico? 

El conocido Padre Ángel en Madrid ha organizado un funeral en una iglesia católica de Madrid en memoria de las víctimas del atentado de Orlando. Cuando Alejandro, pastor de ICM de aquella ciudad, le propuso al Padre Ángel que el acto fuese ecuménico, éste le respondió por terceros que por respeto a su obispo no podía hacerlo, y que tenía miedo a que le “regañasen” por volver a juntarse con personas LGTBI. ¿Un funeral cristiano por las víctimas de un atentado LGTBIfóbico pero alejados de las “oscuras” personas LGTBI cristianas? La cuadratura del círculo a la que nos han acostumbrado muchas instituciones, denunciar la LGTBIfobia en un acto LGTBIfóbico. Y todo eso en nombre de Dios y ante las cámaras de televisión para mostrar lo moderno e inclusivo que es uno.

En Barcelona el President de la Generalitat y el resto de su Gobierno acudieron al acto que organizaron las entidades LGTBI de la ciudad condal, y ante una bandera gigante con un crespón negro mantuvieron un minuto de silencio para mostrar su repulsa  por la violencia LGTBIfóbica que tuvo lugar en el Club Pulse. Aquí se dijeron las cosas por su nombre, sin silencios ni ambigüedades. Pero para poco sirven las palabras si no hay medidas concretas que luchen por acabar con ella. ¿Qué utilidad tiene que se diga que existe una lacra que se llama LGTBIfobia que asesina a miles de personas cada año si no se hace nada para erradicarla? ¿En qué nos ayuda tener una ley contra la LGTBIfobia si no se implementa? La LGTBIfobia se tiene que trabajar desde la educación, formando a niños y niñas en la riqueza que supone la diversidad. Sin pasos firmes y concretos que hagan de los centros educativos lugares donde construir una sociedad más tolerante, sucesos terribles como los de Orlando se volverán a repetir. En los últimos seis años se han contabilizado casi 1800 personas asesinadas en el mundo por su orientación sexual o identidad de género, pero probablemente estas cifras sólo son la punta del iceberg. Sin políticas decididas no se acabará con el peligro que supone para todas y todos la LGTBIfobia.

Desde muchos foros cristianos fundamentalistas también ha habido una condena del atentado. Repiten que aunque no están de acuerdo con las “practicas” homosexuales, toda persona tiene derecho a la vida. No son capaces de darse cuenta que la religión ha dado razones y cobertura a la mente de este enfermo, probablemente homosexual, para realizar la masacre. Y que, aunque en un grado mucho menor, todos los días hay personas que tienen que padecer la violencia LGTBIfóbica en nombre de la religión. O en realidad sí que se dan cuenta, pero no les importa. Sería difícil encontrar en un contexto cristiano fundamentalista una persona que no conozca algún caso de un homosexual cristiano que fue maltratado y rechazado por su comunidad debido a su orientación sexual. Los discursos LGTBIfóbicos de la mayoría de instituciones cristianas disparan todos los días veneno que asesina a muchas personas. Y no lo hacen por su fe, porque Dios, porque Alá, no es un asesino. Es un Dios que nos ha hecho diversos como reflejo de su poder y de su amor. ¿Cómo es posible que con todo el dinero que manejan algunas de estas instituciones no hayan hecho estudios reales sobre las consecuencias de su LGTBIfobia? Quizás si lo hicieran se quedarían sin argumentos para defender la discriminación. No es cristianismo lo que predican, no es evangelio, es muerte.

Finalmente me alegro de todas las instituciones, seculares y también cristianas que han sabido poner nombre a lo que aquí a ocurrido, pero que además trabajan todos los días por construir una sociedad y unas iglesias donde las personas LGTBI no son sólo recordadas por las tragedias, sino donde pueden vivir con naturalidad y con libertad su orientación sexual o identidad de género, llamando a las cosas por su nombre, sin esconderse, y aportando todas sus capacidades. El 11 de Junio, justo en el mes donde celebramos el día del Orgullo, formará parte para siempre de nuestra historia, de la historia de la comunidad LGTBI. Una comunidad que siempre ha sabido llorar a sus muertos, pero también dignificarlos evitando que sean manipulados, borrados o ignorados. El 11 de Junio tuvo lugar un atentado, quizás terrorista, pero seguro que LGTBIfóbico. Y las víctimas tienen derecho a que se sepa que fueron asesinadas por sentir, por amar, por entenderse, por percibirse, de una manera diferente a la mayoría.



Carlos Osma

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