lunes, febrero 15

Una reflexión de Éxodo 14, 15-31


1. Primera Lectura del Texto. Los israelitas entre dos Dioses.

¿Quiénes eran los israelitas?

El libro del Éxodo nos explica que los israelitas eran esclavos en Egipto, allí construían las pirámides para el Faraón. En alguna de esas pirámides este semidios sería enterrado y resucitaría para vivir eternamente entre los Dioses. La divinización del Faraón necesitaba de la negación de la dignidad de los israelitas que no eran considerados seres humanos, sino más bien, objetos que se podían compra y vender. Muchos historiadores no creen que el trato que los esclavos padecían en Egipto fuese tan duro como estamos acostumbrados a ver en las decenas de películas que se han hecho sobre esta historia. En realidad, aunque los esclavos estaban en la parte más baja de la pirámide social, ese espacio donde habían sido ubicados les permitía no quedarse en la nada, les daba cierta seguridad. Como esclavos podían alimentarse a ellos y a sus familias; revelarse ante la opresión del Faraón era situarse en lo abyecto, en una zona inhabitable donde la vida no era posible.


Un texto fantástico, una lucha entre dos dioses...

Cuando leemos el texto de Éxodo 14, 15-31 es fácil observar que estamos ante una historia fantástica, ante una lucha entre dos dioses. El primero Yahvé, que se muestra tan cercano que casi parece un ser humano más; y el segundo el Faraón, un hombre tan poderoso y temido que parece un Dios. En esta batalla épica Yahvé utiliza lo imposible, lo peligroso, el mar amenazante, para convertirlo en un lugar de salvación para un pueblo de esclavos. Cuando todo estaba perdido, cuando no había salvación posible, Yahvé actúa en medio de la naturaleza y de la historia. 

Finalmente las olas del mar que amenazaban la vida de los israelitas y ante las que los egipcios les habían acorralado, se convierten en las murallas entre las que pudieron pasar para liberarse de la opresión. No hay una lucha entre los israelitas y los egipcios, sino una en la que Yahvé lucha por los israelitas, y los egipcios luchan por el Faraón. El vencedor es Yahvé, y por su victoria los israelitas creen en Él y lo escogen como Dios. Un Dios que ha actuado en su vida, en su historia.

Es absurdo intentar defender la historicidad de todo lo que se cuenta en este relato. Sólo el fanatismo nos podría llevar a creer lo que aquí se nos cuenta letra por letra.

Entonces este texto, ¿no nos puede decir nada?.. ¿ha perdido el mensaje “divino” que tantas personas han encontrado durante siglos en él? Os invito a ver el siguiente vídeo...



La huída de la opresión, de la muerte, sigue estando presente en la historia. Millones de sirios viven atrapados en su país y sólo una pequeña parte puede huir, atravesando desiertos, el mar, y esperando que las alambradas europeas se abran para poder llegar a su tierra prometida., al lugar donde creen que junto a sus familias podrán tener una vida que no esté amenazada constantemente por la muerte.

¿Son seres humanos? Por una parte el “presidente” Asad y Rusia no los trata como tal, para ellos lo importante no es la población siria, sino los intereses económicos y estratégicos. Han deshumanizado a la población siria y los han convertido en objetos, moneda de cambio. Sin embargo en su huída, buscando la dignidad que todo ser humano necesita, se han encontrado con otros poderes e intereses: los de Occidente. Para los poderes políticos europeos la población siria tampoco merece un trato humano, son más bien un peligro para la seguridad, y por tanto cada país defiende sus intereses por encima de la dignidad de estas personas. Una pequeña parte de la población siria ha conseguido huir, atravesar el desierto y el mar, pero se han encontrado con las alambradas que Europa ha puesto en sus fronteras.

Aún así algunas personas sirias han logrado llegar a Europa, se habla de más de medio millón, y para ellas, que mayoritariamente son musulmanas y profundamente religiosas, es Dios el que les ha ayudado a pasar el desierto, el mar y las alambradas para llegar a un lugar donde esperan poder vivir con la dignidad de un ser humano. Para estas personas, el texto del Éxodo que acabamos de leer sí puede tener sentido, sí refleja su experiencia, sí muestra como Dios ha intervenido en su historia para liberarlas, para dignificarlas y darles vida.

Pero en este éxodo sirio no todas las personas han sido liberadas, muchas de ellas han muerto atravesando el mar o el desierto y no han podido alcanzar su sueño, no han logrado poder ser tratadas como seres humanos. Podemos negar lo evidente, espiritualizar el mundo para no enfrentarnos a la realidad, pero hay muchas veces en las que el mar no se abre, en las que la liberación no alcanza a producirse, en la que Dios parece no estar presente en el mundo o incluso no existir. No se trata de culpabilizar a Dios por lo que están produciendo los intereses egoístas que están claramente delimitados, pero el interrogante que nos genera tanta frustración y sufrimiento, si queremos ser coherentes, no podemos negarlo: ¿Porqué Dios no ha actuado en la vida de tanta gente inocente que buscaba la liberación? Para mí aquí se genera un gran silencio.

2. El anhelo por volver a nuestros orígenes, a nuestra tierra.

¿Dónde y porqué surgió este texto?

Podemos ahora preguntarnos por la génesis de este texto, de esta historia. La liberación de Egipto formaba parte de la historia del pueblo israelita antes de que se pusiera por escrito. Los especialistas piensan que es posible que un pequeño grupo de personas escaparan en algún momento de la esclavitud en Egipto, y que entendieran esa liberación como una intervención milagrosa por parte de Yahvé. Durante los reinos de Israel y Judá, ese relato se elaboró como una epopeya nacional para llamar a la unidad nacional frente a las amenazas de los grandes imperios. Es probable que Josías utilizará este relato para un fin militar y político con la intención de volver a recuperar los territorios perdidos del Reino de Israel. El texto les hablaba de un nuevo comienzo y un renacimiento nacional. Sin embargo no fue hasta el exilio Babilónico que el texto que hoy hemos leído tomó su forma definitiva.

Los israelitas de las clases altas habían sido llevados prisioneros a Babilonia, y allí esperaban y soñaban con la vuelta a Israel, a la tierra que Dios les había dado. En Babilonia soñaban, como muchos emigrantes han hecho en todas las épocas con volver algún día a su país... Algunos morían, pero historias como ésta servían para mantener viva la esperanza de que algún día Dios les ayudaría a cruzar el mar y el desierto para volver a su hogar. No se puede decir que fueran maltratados en Babilonia, puesto que tenían ciertos derechos, pero no eran seres humanos libres, ni estaban en su mundo, en la tierra que Dios les había dado.

Somos un país de emigrantes

Durante la Guerra Civil Española muchas personas tuvieron que dejar sus casas, huyendo de la guerra y la intransigencia. También durante la postguerra muchas familias tuvieron que salir de Andalucía, Extremadura o Murcia para ir a Madrid, el País Vasco o Cataluña en busca de un futuro mejor. Algo que sigue ocurriendo hoy, cuando millones de personas vienen a nuestro país desde África, América o Asia, dejando el hambre, la miseria o la exclusión, pero también sus hogares y sus familias para tener una vida mejor.

El relato del Éxodo nos hablan de todas esas experiencias, de los sueños que no desaparecen fácilmente de volver a pisar el lugar donde nacimos, o donde nacieron nuestros padres y nuestras madres. Y para muchas personas ese sueño lo alimentan con la esperanza en un Dios que les hará pasar por desiertos y mares hasta devolverlos algún día al lugar del que hubieran preferido no haber salido.

El texto bíblico es palabra de Dios, no cuando es memorizado, repetido, o creído acríticamente; sino cuando por sí mismo es capaz de hablar a nuestra experiencia, y entendemos sin lugar a dudas que tiene que ver con nuestra vida... o con nuestra falta de vida.

3. ¿Qué nos puede decir ese texto si lo leemos desde una experiencia LGTBI?

Una experiencia personal.

El otro día llamé la atención a una alumna por utilizar la expresión “maricón” en clase. Inmediatamente se puso nerviosa, y me dijo: “No sí yo no tengo nada en contra, pero de todas formas, y no es que yo lo piense... algunas personas dicen que los gays están enfermos”. Yo le contesté que no veía muy enfermo a Ricky Martín, o a Cristiano Ronaldo (todos mis alumnos dan por hecho que es gay), y le pregunté sí me veía muy enfermo a mí. Ella todavía muy nerviosa me dijo que no, que sólo lo había dicho porque la gente lo decía. Le expliqué que a lo largo de la historia muchas minorías habían sufrido discriminación por ser simplemente diferentes, y que lo mejor que podía hacer era tratar a todo el mundo con respeto y aceptando las diferencias, porque al menos un 10%  de la gente que ella conocía era LGTBI. Rápidamente me contestó: “¿Me estás diciendo que en esta clase hay alguien gay?. Le respondí que hablaba en general, que no me refería en concreto a esta clase, para no hacer sufrir a tres alumnos homosexuales que estaban presos de pánico en aquel momento.

La esclavitud LGTBI

Hoy miles de adolescentes viven como esclavos en los centros educativos de países tan modernos y progresistas como el nuestro. Jóvenes que como los israelitas construyen fachadas, que no tienen nada que ver con ellas y ellos, para que la heteronormatividad pueda seguir divinizándose y su vida no corra peligro. Pero también ocurre en personas adultas que disfrazan sus sentimientos, su deseo de una vida en libertad, que esconden su manera de ser y sentir para contentar a sus seres más queridos que dicen amarlos pero que en el fondo los prefieren prisioneros. O en cristianos y cristianas que han nacido o decidido vivir en comunidades donde no existen, en espacios donde sólo pueden sobrevivir a costa de negarse y vivir como esclavos vidas que nos son las suyas. Y esto en iglesias que dicen seguir a un Dios de amor, pero que niegan el derecho a expresar un amor que no es como el suyo. Cristianas y cristianos que no entienden a Dios como un liberador, sino como un Faraón al que tienen que servir.

¿Qué puede decirnos a nostras y nosotros este texto del Éxodo?

El texto del Éxodo es una llamada a ser valientes, a salir de la opresión, de los armarios, medio armarios, de las caretas, de la falsedad, de las verdades a medias, de los lugares donde sí pero no. Una llamada a confiar en un Dios que antes que todo quiere llevarnos a otro mundo, o a otra manera de entender el mundo, donde podamos ser libres. Un Dios que no nos persigue como el Faraón para hacernos volver al punto de partida, sino que lucha por nosotros y por nosotras para liberarnos. Para permitirnos ser, lo que muchos nos niegan: seres humanos, no esclavos. Y todo eso si tenemos fe, si nos lo proponemos, si nos arriesgamos, si decidimos levantar las manos frente al mar de nuestros miedos, para que Dios lo abra y podamos pasar tranquilamente, con dignidad, con esperanza, y con todos aquellos y todas aquellas que quieran acompañarnos.




Carlos Osma


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