martes, mayo 19

Jesús, confío en ti



Jesús es mi luz y mi salvación;
ya no tengo miedo.
Jesús es la fortaleza en la que vivo seguro;
ya nada logra atemorizarme.
Cuando quienes se definían como buenos vinieron contra mí para destruirme,
ellas y ellos, mis enemigos y mis adversarias, tropezaron y cayeron.
Aunque un ejercito de homofobia y odio acampe contra mí,
no temerá mi corazón.
Aunque en mi contra se levante el odio de la ignorancia y el egoísmo,
a pesar de todo eso, yo viviré confiado.



Pues una cosa he pedido al maestro, y esa es la que buscaré sin descanso,
poder estar junto a él, en su casa, todos los días de mi vida,
para contemplar su justicia, su ejemplo, su entrega,
y poder después reflejarla en su templo y en toda la Tierra.
En el día de la angustia, Jesús me protegerá y consolará,
y en mi interior, cuando esté sólo, curará mis heridas;
después sobre una roca que nadie puede mover ni destruir, me pondrá en alto.
En ese día que ya empieza a atisbarse, quienes han olvidado el ejemplo del maestro,
se atreverán a mirarme a la cara, para ver quién soy, y pedirán perdón por su pecado.
Y allí, en el templo del maestro, en el mundo que me envuelve,
ofreceré sacrificios de alabanza;
cantaré, sí, cantaré a mi alrededor las cosas que Jesús ha hecho conmigo.

Escucha, oh Señor, mi voz cuando a ti clamo;
ten piedad de mí, respóndeme.
Cuando me dijiste: trabaja por la justicia, no te rindas. Mi corazón te respondió:
tu rostro buscaré sin cesar, e iré donde tú me pidas.
Pero no te escondas por mucho tiempo de mí;
no rechaces a tu siervo por sus imperfecciones, por sus errores;
tú siempre has sido mi ayuda.
No me abandones, no me dejes sólo,
oh Dios de mi esperanza y de mi salvación.
Aunque mi padre y mi madre me abandonen,
aunque quienes me vieron nacer y me hablaron de tu amor, me rechacen,
tú siempre me acompañas, tú siempre estás conmigo.

Vuelve a mostrarme hoy tu camino Jesús,
y llévame por una senda que sea fácil junto a otras personas que van tras de ti,
para que no me engañen quienes para defender su verdad, desean mi mal.
No me entregues a la voluntad de quienes te nombran sin conocerte,
muchos mentirosos se han levantado contra mí,
han intentado destruirme con lecturas bíblicas cargadas de violencia.
Hubiera yo desmayado, si no hubiera confiado en ver tu justicia y tu bondad
a mi alrededor, construyendo un mundo y unas iglesias más humanas.

Espero al Señor, ya no tardará,
me esfuerzo y siento su aliento en mi corazón.
Te espero, Señor.
Carlos Osma


Nota: Relectura Salmo 27.

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