lunes, junio 23

Los derechos lgtb son derechos humanos



Tiene cuatro años, se llama Matteo y es el amigo inseparable de mi hija pequeña. Nunca se separa de su muñeca, la lleva a todas partes, aunque medio escondida; seguro que ya habrá oído aquello de que un niño no puede jugar con muñecas. El otro día le pregunté: “Matteo, ¿qué tienes ahí?” , y él escondió su muñeca debajo de la camiseta. “¿Es una Barbie?”, le pregunté. Pero él no se atrevió a decir ni una palabra. “Yo tenía una Barbie cuando era pequeño. ¡Me encantaba!”, le dije, mientras mi hija añadía: “Y yo tengo otra”. En ese momento Matteo sacó su muñeca y la levantó como un trofeo para enseñármela y preguntarme emocionado: “¿Era como esta?”. “Parecida”, le dije, “pero la tuya es mucho más bonita”. Desde ese día, siempre viene a enseñarme su muñeca cuando me ve.


Matteo tiene derecho a ser feliz, a jugar con aquello que más le gusta, a ser aceptado y querido tal y como es. A que su padre y su madre lo miren con orgullo y amor. Matteo tiene derecho a no ser señalado y estigmatizado, a crecer viendo respetada su manera de ser. Tiene derecho a recibir una educación en la diversidad donde no haya una forma mejor de ser hombre que otra. Tiene derecho a recibir una educación religiosa que le muestre a un Dios de amor que le acompaña a lo largo de su vida, en cada una de las cosas que hace: en las maravillosas, y en las que no lo son tanto. Tiene derecho a decir algún día de quien se ha enamorado, o quien le gusta, a explicar a sus amistades como ha sido su primera relación sexual, como se ha sentido, que le ha parecido. Tiene derecho a vivir una adolescencia segura, sin ser el blanco de ningún matón, y a que su entorno escolar sea un lugar seguro donde pueda desarrollar todas sus potencialidades.

Matteo, y millones de personas como él en todo el mundo, tienen derecho a decidir si quieren o no quieren casarse, y con quién quieren hacerlo. Tiene derecho a pedir o no una bendición religiosa de su unión, o a celebrarla con un gran banquete con la gente a la que quiere; tiene derecho a elegir hacer eso, o a elegir que no quiere hacerlo. Matteo tiene todo el derecho del mundo a tener hijas e hijos a los que vestir con el mismo cariño con el que viste a sus Barbies. El mismo derecho a formar la familia que él y su pareja deseen. Como todo el mundo debería tener derecho a un empleo, pero además, a un empleo donde no tenga que esconder a quien ama o tenga que fingir que es otra persona.

Matteo debería tener derecho a vivir en paz en el lugar que él desee, pero si la homofobia no se lo permitiese, como a millones y millones de personas que algún día fueron niños o niñas como Matteo y que ahora ven peligrar su vida por una leyes que los criminalizan o incluso los asesinan; debería tener derecho a ser acogido en un país como el nuestro, o cualquier otro donde los derechos humanos estén por encima del derecho de la homofobia.

Si Matteo decide tener hijos e hijas debería tener derecho a que la sociedad en la que vive respete la diversidad familiar. Derecho también a que si es creyente, la religión que profese, integre a su familia como a todas las demás. Matteo puede enfermar, como cualquier otra persona del mundo, y por eso tiene derecho a ser atendido con el respeto y con la dignidad que merece sin dejar a un lado quien es y como es. Si Matteo algún día es seropositivo, tiene derecho a no ser marginado, y a recibir la medicación necesaria para poder vivir... un derecho que no debería depender del país ni del nivel económico que tenga Matteo.

Tiene derecho a envejecer y ser atendido con la misma dignidad que el resto de personas, tiene derecho a vivir su diversidad también cuando sea una persona mayor. La diversidad es algo que nos acompaña toda la vida, no sólo en la adolescencia y juventud. Por eso Matteo tiene derecho a políticas que permitan integrar la diversidad en el último tramo de su vida.

Todo lo dicho es evidente para personas con un mínimo de sensibilidad y empatía, pero la realidad con la que seguimos encontrándonos es que todavía falta mucho para que personas como Matteo tengan los derechos más básicos protegidos. Por eso durante esta semana las celebraciones del Pride girarán entorno al lema: “Los derechos lgtb son derechos humanos”.

Es difícil entender porque el cristianismo no está por los derechos de niños como Matteo. Todavía se mantienen en paradigmas desfasados enfrascados en saber si éste o aquel versículo dice o no dice esta cosa, si aquella palabra puede interpretarse de una u otra manera... Una mirada realmente evangélica se posicionaría claramente al lado de Matteo, para intentar ofrecerle una vida realmente plena y feliz. Pero todavía muchos están ahí, incluso los más avanzados, teorizando con sus teologías y explicándonos griego, antropología hebrea, etc, etc.. pero olvidando la vida de tantos y tantas Matteos que viven a su alrededor. Hay cientos de millones de Matteos en este mundo, y muchos menos versículos con los que estigmatizarlos. Aunque sólo un Matteo, vale más que toda la ley divina  junta.

El próximo viernes día 27 de Junio en Barcelona, Protestants Inclusius se reunirá para decir que los derechos lgtb son derechos humanos, y que nuestro compromiso con el evangelio nos anima a trabajar para que algún día no tengamos que afirmar una cosa tan evidente. Por mucho que los fundamentalistas griten, que saquen toda su artillería pseudoteológica, sabemos bien claro que la homofobia fundamentalista no está del lado de Matteo y su muñeca. Pero con mucha más claridad aún , sabemos que el evangelio sí lo está. Sólo quien desea un mundo mejor para Matteo, está por el evangelio... todo lo demás son excusas para defender un sistema obsoleto que nos puede hacer sentir seguros, pero que no tiene nada que ver con el cristianismo.

Si crees que los derechos lgtb son derechos humanos, si crees que el evangelio te compromete con la defensa de estos derechos: Te esperamos el viernes en nuestra celebración. Aunque más importante que eso, es que miles de Matteos te esperan cada día para que pongas tu granito de arena en la construcción de un mundo donde puedan levantar sus barbies como otros niños y niñas levantan sus trofeos.




Carlos Osma

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