miércoles, mayo 21

Un obispo incoherente



Cuando hace diez años Carlos López, obispo de la Iglesia Española Reformada Episcopal (IERE), tuvo el desafortunado honor de hacer el primer comunicado oficial de una iglesia protestante española sobre homosexualidad, me quedé ciertamente perplejo. Sinceramente no me lo esperaba. Es cierto que la consagración de un obispo homosexual por parte de la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos estaba levantando mucho revuelo dentro de las iglesias anglicanas de todo el mundo, pero también es verdad que en la mayoría de países europeos el revuelo era más bien una pose un poco hipócrita, puesto que en todas esas iglesias había desde hacía años pastores homosexuales que vivían con sus parejas incluso en las casas pastorales.

La novedad más importante de la elección como obispo de Gene Robinson era que ya no se estaba hablando de un pastor de iglesia, y sobre todo que al igual que el resto de sus colegas heterosexuales, Gene Robinson no llevaba con “discreción” su orientación sexual. Es decir, no vivía armarizado. El comunicado del obispo Carlos López, en el que se posicionaba en contra de ésta elección apelando a las Escrituras,  se alejaba bastante de la práctica de la gran mayoría de obispos anglicanos europeos, y más bien parecía querer intentar contentar las iras de las iglesias fundamentalistas españolas con las que tenía que relacionarse en la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE). Entidad de la que, en este momento, forma parte de su Comisión Permanente. Así que hasta el día que coincidí por primera vez con él, interpreté que fueron los intereses personales los que le llevaron a hacer aquel absurdo comunicado.

En un viaje que hice a Madrid hace unos años visité con un amigo la Catedral anglicana del Redentor, y al entrar nos encontramos con Carlos López que amablemente se ofreció a enseñarnos y explicarnos la historia del templo. No necesité más que unos minutos para percibir que el obispo no cumplía los estándares de la masculinidad normativa, lo cual me dejó algo trastocado. Por un lado me hizo sentir muy bien, ya que creo que la iglesia siempre debe reflejar la realidad y sobre todo la diversidad, y tener un obispo que lo haga con esa contundencia es una gran riqueza. Pero por otro, no podía entender que hacía una persona como él negando e incluso condenando la posibilidad de que Gene Robinson fuera obispo por ser homosexual. ¿Tanto le costaba entender la diferencia a una persona evidentemente diferente? ¿Cómo podía decir que la Biblia no permite a un homosexual ser obispo y omitir que por la misma regla de tres tampoco a los que tienen una masculinidad no normativa? Mis preguntas y mis dudas se quedaron allí, sin respuestas claras. Respuestas que tampoco me ayudaron a encontrar personas que lo conocen y con las que he podido hablar sobre esta evidente incongruencia.

Hace unos días la labor pastoral del obispo me pareció todavía más desconcertante, fue también por casualidad que me enteré de que hace tres años relevó de sus funciones a un pastor de la IERE cuando éste le explicó que no quería seguir llevando en secreto su homosexualidad. Parece ser que no fue tanto la homosexualidad como la necesidad de coherencia del pastor lo que molestó a Carlos López. A Carlos le parecía más coherente que el pastor viviera dentro del armario. De nuevo falta de empatía, de nuevo una reacción sin sentido, de nuevo posibles intereses tras la decisión que no son fáciles de entender. De nuevo una actitud que deja muchos interrogantes abiertos, interrogantes difíciles de contestar.

A lo largo de mi vida he conocido a tantas personas que no han asumido su diversidad, sea ésta del tipo que sea. Personas que vivieron su diferencia como algo negativo, y que en vez de enfrentarse a sus miedos, a su falta de aceptación, decidieron comportarse como intransigentes repitiendo las mismas técnicas opresivas que habían interiorizado. He tenido a tantas personas a mi alrededor a las que no les gustaba que les recordasen que no se parecían en nada al modelo patriarcal de hombre al que el dios de la intransigencia ha escogido para dirigir su iglesia. He conocido tantas y tantas diversidades negadas que han sido el origen de la falta de aceptación del prójimo tal y como Dios lo ha creado. Que he aprendido a reconocerlas con bastante claridad.

Necesitamos obispos valientes, escribí hace ya algunos años, y ahora añado que necesitamos obispos, pastores, diáconos, miembros de iglesias cristianas coherentes, que vivan la realidad del evangelio desde lo que son, y no desde lo que el patriarcalismo que les rodea les impone. Creo que muchas personas diversas tienen unas metas, una necesidad de reconocimiento y aceptación que jamás serán satisfechas si no aprenden a quererse tal y como son. Y creo también que hay otras personas que han perdido su trabajo, su labor en la iglesia, o el ministerio que ejercían con tanta pasión, porque han sido víctimas de diversidades no confesadas. Ese ha sido su precio por entender que el evangelio les exigía un plus de honestidad, por pensar que su labor en la iglesia no era lograr o mantener un puesto de cierto reconocimiento, sino servir con amor y veracidad al resto de cristianos. Y eso sólo se puede hacer desde lo que uno es.

El miedo siempre lleva a traicionar nuestro compromiso con el evangelio. Sin embargo el evangelio empuja a superar nuestros miedos, a salir de las tinieblas del legalismo, para vivir en la luz de la verdad.


Carlos Osma

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