jueves, noviembre 21

¿Cuál es tu yugo?

Resignación hermano, cada uno debe llevar su propio yugo, la vida es complicada para todos. Las cosas son como son, no hay vuelta de hoja, sé un buen cristiano y aguanta con la ayuda de Dios ese yugo tan pesado que te ha tocado vivir. Piensa que Dios puede ayudarte a soportarlo, confía en Él, algún día recibirás tu recompensa. Se manso y humilde, no te rebeles contra la voluntad de Dios, sólo así descansarás. Jesús es tu ejemplo, Él fue obediente hasta la muerte. Recuerda sus palabras: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga[1]”.

Dicen muchos especialistas que estas palabras del evangelio probablemente provienen del Jesús histórico, pero que tendríamos que ir al Evangelio de Tomás para entender el contexto en el que las utilizó. Y no sería otro que el de una discusión con los Fariseos. Concretamente cuando dice: “Dijo Jesús: Venid a mí, pues mi yugo es adecuado y mi dominio suave, y encontraréis reposo para vosotros mismos. Ellos le dijeron: Dinos quién eres tú, para que creamos en ti. Él les dijo: Vosotros observáis el aspecto del cielo y de la tierra, y no habéis sido capaces de reconocer a aquel que está ante vosotros, ni de intuir el momento presente[2]”.

Los fariseos proponían el cumplimiento de todos los preceptos que de la Torá se desprendían. Tanto los que la Torá contenía directamente, como los que se habían deducido y transmitido a lo largo de una cadena de tradición. Una postura que podemos criticar, pero que pretendía salvar al pueblo escogido por Dios. Es un planteamiento sencillo y claro que no deja lugar para ambigüedades; Dios nos ha escogido, nos ha convertido en un pueblo, y nos ha dado su ley para que podamos vivir en armonía con los hombres y con Dios. Cumpliendo la Torá, somos fieles al Dios que nos sacó de la tierra de Egipto, cumpliendo la Torá, Dios no nos abandonará.


Un planteamiento muy criticado pero ante el que todo grupo religioso acaba sucumbiendo, porque todo grupo necesita una ley para organizarse, y porque sólo apelando a Dios podemos hacer que esa ley sea de obligado cumplimiento. Más que echarnos las manos a la cabeza, deberíamos preguntarnos en qué ámbitos compartimos la misma idea. Sólo así descubriríamos lo desestabilizadora que es la respuesta de Jesús también para nosotros.

Jesús se identificó con el yugo, lo cual molestó profundamente a los fariseos, puesto que para ellos el yugo representaba a la Torá. Jesús propuso a todas las personas que se sentían cargadas con las pesadas leyes de Dios, que los fariseos les exigían cumplir, que descansasen en Él. El yugo que hacía que las mujeres y los hombres no se apartasen de la voluntad de Dios, ya no era la ley, sino Jesús. Un ataque tan directo contra los fundamentos del judaísmo, que no nos sorprende que muchos religiosos deseasen su muerte.

Cierto es que Jesús, como cualquier otro judío, y más él que era cercano al fariseísmo, no negaba la ley. Pero la relativizaba, era algo secundario, supeditándola al ser humano. Él era ahora ese camino, verdad y vida que antes proponía la Ley. En su persona se resume el evangelio, no en una ley o una doctrina. Aún reconociendo la importancia de la Ley, Jesús siempre la situó al servicio de las mujeres y los hombres, y no al revés. Lo importante era la liberación del ser humano, que pudiera vivir, que siguiese el camino del reino de Dios. Por eso la justificación mediante textos de la Torá de comportamientos que atentaban contra la dignidad, o la vida de las personas, no eran vinculantes para Él. Ante los decepcionados por la Ley, Jesús se propone como el yugo que les libera, pero que a la vez les exige mucho más.

Mucho más porque les sitúa como en el vacío, sin una dirección en principio clara. No hay normas que determinen que es lo que hay que hacer, que es lo correcto en un momento determinado. Parece el relativismo puro, pero pronto Jesús les recordará que toda la Ley se resume en amar a Dios, y al prójimo como a uno mismo. No hay relativismo, hay un principio claro a la vez que complicado. Cuando se lucha por defender una doctrina, por sí misma, uno se aleja de la voluntad de Dios. Cuando se es capaz de abandonar la Ley de Dios, si ésta atenta contra la felicidad y la vida del ser humano, entonces nos acercamos a lo que Dios pide de nosotros.

No se trata de saber con que texto de la Torá se puede condenar a una persona o un comportamiento, esos textos, o sus lecturas, no transmiten la voluntad de Dios. No estamos atados a ellos, sólo a Jesús, él es ahora la Ley. El legalismo no tiene fundamento ante Jesús de Nazaret, hay que buscarlo en nuestro deseo de ser dioses. La lectura legalista de la Torá, o posteriormente de la Biblia, no tienen nada que ver con la propuesta de Jesús. Cuando los cristianos convertimos el texto bíblico en un texto legal, dejamos de ser cristianos. Sin embargo, en el momento en el que lo utilizamos para promover la libertad y la vida de todos, somos verdaderos discípulos de Jesús.

Por eso, no te resignes nunca, tú yugo es Jesucristo, la vida es un regalo de Dios que muchos pretenden quitarte, pero hay esperanza. Muchas cosas pueden ser de otra forma, puedes cambiarlas, sé una mujer o un hombre que se resiste ante las injusticias del tipo que sean, las propias y las ajenas. Piensa que Dios te dará las fuerzas para ello, confía en Él y en ti, hoy puedes lograrlo. Se manso y humilde, trabaja junto a otros para que la voluntad de Dios llegue a toda la tierra, sólo así podrás descansar tranquilo. Jesús es tu ejemplo, Él es tu ley, resiste al legalismo que tienes dentro, sólo de esta manera serás obediente a la vida. Y en los momentos en los que te falte la confianza, o creas que no vale la pena seguir este camino, recuerda sus palabras: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga".


Carlos Osma





[1] Mt 11:28-30
Publicado en Lupa Protestante en Marzo de 2009

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