domingo, marzo 3

Conversaciones con un pastor en el armario (II)



El otro día te hice demasiadas preguntas, así que hoy te propongo algo diferente, que me preguntes las cosas que te gustaría saber sobre como vive su fe un cristiano fuera del armario. ¿Qué te parece?

Carlos, tu propuesta me parece fabulosa. Y lo primero que se me ocurre preguntarte sería: ¿Y si estuvieses equivocado y la homosexualidad sí es un pecado?

Los cristianos seguimos al Dios que se nos reveló en Jesús, no seguimos leyes, ni normas abstractas que un día vinieron del cielo y que estamos obligados a seguir por mandato divino. Toda forma de situarse frente a Dios, y digo toda, es una forma que contiene errores. Quienes dicen que saben la verdad absoluta, y que tenemos que comportarnos como nos dicen, no están defendiendo la verdad, están defendiendo la interpretación que hacen de la verdad desde su experiencia (heterosexual, conservadora, y mayoritariamente masculina, entre otras...). Actuamos conforme a lo que entendemos y comprendemos que significa seguir a Jesús, no a una ideología disfrazada de cristianismo.
Evidentemente podemos estar equivocados, como todo el mundo, no hay seguridades absolutas. Éstas sólo se encuentran en las mentes de las personas fundamentalistas que tienen miedo de enfrentarse a la vida tal y como se les presenta. Aunque sinceramente no entiendo la razón por la que tener una determinada atracción sexual debería ser pecado. Es como si me preguntaras, ¿y si estuviésemos equivocados y ser zurdo sí es un pecado?

Te he preguntado eso para reflexionar sobre la Ley (por ejemplo los 10 mandamientos que todos sin excepción hemos incumplido). Me han enseñado que el pecado es la enfermedad y que la justicia de Cristo es la medicina, que recibí por fe al arrepentirme de mis pecados (lo que implica también intentar abandonarlos). Y que si confío en Él, podré cumplir su Palabra, ya que por mí mismo no puedo.

Ya, pero se te dijo también que la homosexualidad era uno de esos pecados (he aquí el error) y que debías abandonarla (he aquí lo imposible, como bien sabes). Te colaron la ideología, la homofobia, como algo que venía de Dios, y yo creo que eso no es así.
Además, en vez de hablar en términos de pecado prefiero hablar de salvación, y no de manera abstracta. La salvación es concreta, Dios viene a salvarnos, a traernos vida (me gusta ponerlo en plural, estoy harto de tanto individualismo cuando se habla de salvación). Salvarnos, ayudarnos a ser felices y traer felicidad a los demás, salvarnos de todo aquello que quiere destruirnos, hundirnos (como individuos y/o comunidad), que nos hace mirar sólo hacia nuestro ombligo y olvidar el resto. Salvarnos de todo lo que nos oprime, y que no permite que vivamos con libertad, impidiéndonos respirar. En el caso de muchas personas, salvarlas también de la homofobia interiorizada, que ha hecho que se comprendan como errores de la naturaleza, como degeneradas... para sentir que son amadas por Dios tal y como son, y que así, tal y como las ha creado, pueden reflejar el amor de Dios.


Entiendo lo que dices, me gusta, pero no puedo formatear mi disco duro. Me siento responsable ante la ley moral de Dios, creo que en base a ella seré juzgado, y no según mi interpretación de la misma.

Por la manera en que te expresas me parece que entiendes a Dios de una manera terrible, como un Juez que ha dado una ley cruel y homófoba, y que te ha hecho una mala pasada convirtiéndote en gay. Supongo que tú lo entenderás como una prueba, pero a mí me parece que es más una tortura.
Por otro lado, no aceptas que eso que tu llamas ley moral de Dios, es tu interpretación sobre lo que Dios te demanda. Personalmente soy consciente de que interpreto, pero tú te sitúas en un plano casi divino: no interpretas, no tienes condicionantes, ni experiencias. Creo que aquí te estás equivocando. Además, si eres sincero contigo mismo, tu lectura “pura” y “literal” no es tuya, otros la han hecho para ti y tú la sigues a pies juntillas. Te niegas a tomar las riendas de tu vida e interpretarla desde tu experiencia vital.

No, Carlos, no puedo tener una posición de juez, y menos en mi situación. Permíteme recapitular. Es cierto, eso me enseñaron, eso he creído durante años (casi nací entre los bancos de la iglesia). Sé que necesito la justicia que yo no puedo cumplir, sino sólo Cristo, me apropio de ella por la fe, no soy perfecto en esta vida. Ya sabes lo que lucho reprimiendo mis inclinaciones, reitero he fallado, pero en mi caso personal no me atrevo (volvemos al punto inicial), a pasar de todo. De todas maneras creo que la entrevista te la iba a hacer yo ¿no?, ¿a qué edad saliste del armario?

Si te refieres en todos los ámbitos, la familia, los amigos, la iglesia, el trabajo... pues a los 27. Perdí mucho tiempo.

¿Fue difícil?

No tuve otra opción, me fue imposible seguir viviendo con tantas mentiras. Me sentía como si nadie me conociera de verdad, como si hubiera una distancia infinita entre mí y el resto del mundo. Nadie se daba cuenta, pero eso era terrible. Así que no tenía otra opción, lo hice para poder vivir de verdad, y ya te digo que es lo mejor que he hecho en mi vida. ¡Dios mío, podría haberme asfixiado allí dentro!
Si te refieres a si la gente me recibió con los brazos abiertos, pues la verdad es que no. Tuve problemas, a mi familia le costó mucho, de hecho no tengo relación con algunas personas. Pero con la mayoría de gente con la que realmente tenía una relación cercana, pude rehacer los puentes. Es decir, los que realmente valían la pena, los que me querían a mí, y no a un ser que tenía que ser heterosexual para merecer su amor, esos son los que sigo teniendo cerca. El resto, pues, creo que mejor descubrir en aquel momento que era mejor no gastar energías en la relación.

¿Tú contexto religioso era?

Mi familia asistía a una iglesia bautista cuando yo salí del armario.

¿Y tú? ¿No asistías?

Sí, pero, era una iglesia de corte más bien conservador. A mi todo aquello me asfixiaba, no exclusivamente por el tema de mi homosexualidad (al menos eso creo), sino por la forma tan opresiva y reduccionista con la que vivían el evangelio. No lo digo con rencor... estoy agradecido de muchas cosas que aprendí allí, pero llegó un momento que mi lugar ya no era ese. Y tuve que salir. Pensaba que no encontraría nada que me hiciera volver a una iglesia, hasta que un día asistí a una iglesia metodista y descubrí que podía ser y pensar sin miedo. Y que podía estar sentado al lado de personas que piensan diferente a mí, y sentir a la vez que estamos unidos por la misma fe. Fue un descubrimiento que me ayudó mucho. He tenido experiencia de que el cristianismo no tiene por que ser opresivo, ni fundamentalista; puede ayudar a construir un mundo mejor.

Como comprenderás nuestras circunstancias son muy distintas, a los 27 años yo ya era padre de mis dos hijas.

Una decisión tuya. Entiendo la dificultad de tomar una decisión tan difícil en un entorno hostil. Sé que además todo te empujaba a hacerlo, y que de no haberlo hecho, hubieses tenido problemas. Pero al final, la decisión fue tuya, o mejor dicho, está siendo tuya. No puedes insinuar que para los demás ha sido fácil y para ti no. De alguna manera tú tomaste el camino que pensabas que era más cómodo, aunque en realidad te has dado cuenta de que ha sido el más difícil y sobre todo, el más absurdo.

Lo hice por cumplir como me enseñaron, con Dios, la familia, el seminario... sé que lo elegí yo, ya te lo comenté el otro día. Y sé que llevas cierta razón... La cosa es que me rendí desde el momento en que quise llenar las expectativas de todo el mundo, allí radica mi desmotivación... lo asumo.

A ver si me explico, no estoy diciendo que tienes la culpa de lo que te ocurre... Ya me gustaría ver a muchos que se creen muy valientes y que lo saben todo en tu situación. Sólo pretendo decirte que no todo es imposible, que siempre hay algo que podemos hacer para ser un poco más felices. La partida todavía no ha terminado, y además eres cristiano, en esa partida no estás solo.

Ya sé que tú hacías las preguntas... pero déjame hacerte a mi una. Tienes hijas... ponte en la situación de que una de ellas es lesbiana... ¿Qué le aconsejarías?¿Qué le dirías que debe hacer para ser feliz? Pero se concreto.

Que no repita mi historia, que se la juegue... no sé...

¿Cómo? ¿Cuál sería tú consejo como padre después de lo que has vivido?

Es muy difícil, por un lado sé que sufriría si sigue mi ejemplo, pero igual si hace su elección. Que decida con responsabilidad.

Lo que le espera si hace lo mismo que tú, ya lo sabes. Lo que le esperaría si se atreviese a vivir, no, simplemente te da miedo.

¡Exacto!

Al final de todo, saco la conclusión de que todo es temor. Sigues a un Dios legalista que da miedo, y vives atemorizado por él, y por la vida que te ha puesto por delante. Esa manera de entender a Dios, y la vida cristiana, puede servir para llenar iglesias, pero no creo que sea realmente cristianismo.

¡Pues aquí estoy! ¡Ese soy yo!

Dios, es más que una ley, y el cristianismo es vida en abundancia. Vida que se mueve por amor, no contra el amor. Ese es el Dios que te ama, al que deberías seguir, y al que deberías predicar desde el púlpito de tu iglesia.

                                                                                                                    Carlos Osma

1 comentario:

  1. Puesto que soy el personaje en cuestión, vale decir lo que hace días expresé, muchos no lo entenderán, es difícil optar por una opción cunado tienes tan grade conflicto, vivo, actúo y parezco hetero. Aunque he confesado algú desliz del pasado, -no es justificación- no ha sido la constante. El asunto es como va: Ya estoy aquí, corrí mis propios riesgos. Pude dejar el armario, terminé ocultándome en un ropero. Jugué el juego según me vino en gana o me correspondía jugar. Tal vez me confundí tanto en el proceso que, o ya sea por convicción o comodidad me quedé jugando siempre la misma posición: Esposo, padre, creyente. No la he pasado del todo mal, pero asumo con cierto dejo de nostalgia lo que tal vez pude ser y no fuí, luego me asalta la nostalgia ante la sola posibilidad de haberme perdido lo que soy... ¡Qué complejo qué soy!

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