viernes, enero 11

¿Qué tiene dios entre las piernas?


Depende de cómo se entienda, más que provocadora, la pregunta puede ser ciertamente absurda. Por tanto, hay que aclarar que nos estamos preguntando sobre la entrepierna de nuestra imagen cristiana de Dios, que quien más o quien menos tiene hecha, aunque no lo quiera reconocer. No me refiero al Dios todopoderoso, eterno, inmutable, al que no logramos ni lograremos comprender, sino al dios con el que pretendemos aproximarnos a ese Otro, pero que a la vez, refleja en ocasiones estructuras de privilegio y dominación completamente humanas.

Si nos atenemos a la iconografía, al menos la más conocida, tendríamos que concluir que dios es un hombre. Si intentamos buscar en la Biblia, el mismo Jesús habla de Dios como Padre, así que lo más lógico sería seguir pensando lo mismo, dios es un hombre. Cierto es que los roles que cumple ese dios parecen evolucionar del Antiguo al Nuevo Testamento, y que si en el primero los roles de género que se le aplican tienen más que ver con la creación y la autoridad, en el segundo destacan los del cuidado, la protección o la educación. Utilizando una visión tradicional del género, diríamos que el dios de Jesús es más femenino que el de Moisés.

A pesar de lo alejado que dios esté del centro de gravedad de la masculinidad dominante en nuestra sociedad (hay que tener en cuenta que la clase social, la educación o el lugar donde vivimos nos hace percibir la masculinidad de forma diferente), parece irrefutable que dios es un hombre. A lo sumo podríamos decir que dios es un hombre algo raro, quizás demasiado afeminado para algunos, aunque evidentemente no es una mujer.


Sin embargo, que sea hombre no permite responder a la pregunta de manera definitiva. Nuestro dios podría ser una hembra, no tener sexo, o abarcar los dos. Aunque si lo pensamos bien, es complicado sostener que cualquiera de estas tres posibilidades se escondan detrás de la túnica del dios que pintó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, o tras las ropas del amado de la Sulamita en el Cantar de los Cantares. Podríamos decir que nunca nos hemos parado a pensar en si el Padre del “hijo pródigo” es macho o hembra, pero nos engañaríamos si dijésemos que no dábamos por supuesto lo que era. Aunque pueda parecer irrelevante, lo que damos por válido sin reflexión alguna, tienen más fuerza configuradora de nuestras estructuras mentales, que aquello que tenemos la necesidad de justificar.

Llegados a este punto, analizando nuestra imagen de Dios bajo la perspectiva del género y el sexo, parece evidente que es un hombre, algo blandito, y macho. Así que, para empezar, la cosa es bastante sospechosa, puesto que se parece “excesivamente” a quien está pensando a Dios. Pero si hay algo bueno en esto, nada original por otra parte, es que al menos somos conscientes de ello, y no vivimos dicha imagen como una verdad absoluta que hay que imponer al resto de seres humanos. Además, como es a partir de dicha imagen, que intentamos aproximarnos al Dios inabarcable, es desde quienes somos, de la realidad sin simulaciones, que salimos al encuentro del Eternamente Otro.

Claro que todo esto nos puede llevar a preguntarnos qué ocurre con el resto de personas cuyo sexo y/o género no coinciden con el que mayoritariamente supone nuestra sociedad que tiene Dios. ¿Qué ocurre por ejemplo con las mujeres o las personas transgénero? ¿Deben asumir también ellas esta visión, deben rechazarla o transformarla? ¿Es posible crear una imagen diferente a la “canónica”? ¿Cómo influye en su fe, en su espiritualidad, el hecho de formar parte de quienes no son como dios?

Es difícil responder a preguntas que no son significativas para uno mismo, y que sólo nos las podemos hacer de forma teórica. La teoría siempre deja resquicios para encontrar soluciones fáciles y respuestas simples que a la hora de la verdad no sirven a quienes se la están jugando de verdad. Sólo se me ocurre una manera honesta de intervenir, reconocer que no existe nuestro dios, y que la tradición cristiana, las doctrinas de ayer y de hoy, o los dogmas que algunos son capaces de defender hasta la muerte, por mucho que nos ayuden y nos iluminen, están basadas en la falsa premisa de saber qué y cómo es Dios. Se trataría de acercarse a las personas que oficialmente están alejadas de lo que dios es, y abrir bien lo ojos y los oídos para valorar lo que pueden aportar. Sus propuestas no son amenazas, sino una ayuda para cuestionarnos un dios excesivamente igual a nosotros.

Otra posible forma de enfrentarnos a estas preguntas, es buscando una imagen de Dios en la que no encajemos. Es decir, situándonos en su lugar. Y en mi caso me pregunto por ejemplo qué orientación sexual tiene dios. Si nos atenemos al hecho de que buscase a María para poder ser padre, tendríamos que decir que en el imaginario colectivo, dios es heterosexual. Basta ver las reacciones tan airadas que encontramos cuando se insinúa que Jesús era gay, para entender que lo santo, lo divino, sólo puede ser heterosexual.

¿Cómo se sitúa una persona homosexual, ante un dios heterosexual? Pues la experiencia me dice que de diversas maneras, generalmente intentando no entrar en conflicto. Es decir, viviendo una espiritualidad esquizofrénica  Algo que sólo denota que el sentimiento de culpabilidad por no ser como los demás esperan, por no ser como dios, no se ha superado. El homosexual sería en este caso un no-dios que acepta la exclusión y que incluso la refuerza con su comportamiento. No hay aquí ningún tipo de replanteamiento de la fe a partir de la propia experiencia, sólo miedo de no ser expulsado del pensamiento cristiano dominante.

También podemos negar la heterosexualidad de dios, dejándonos caer en los brazos de un dios que lo abarca todo o que es indefinido. Evidentemente es una salida incuestionable a nivel teórico, y que llama la atención de lo absurdo de la reducción heterosexista de dios y de las consecuencias opresivas que conlleva. Pero me cuesta creer que las personas no pensemos a Dios con imágenes concretas... todos sabemos que Dios no es blanco, ni negro, pero nuestra representación personal de dios, a la hora de la verdad tiene un color. Es cierto que la vía de la negación para acercarse a Dios parece haber sido satisfactoria para muchas personas, pero personalmente, quizás por mi educación, me resulta completamente imposible. Se que mi dios no es Dios, pero sólo mediante un dios en movimiento, puedo acercarme a Él. Y mis dioses en movimiento son concretos.

Por eso utilizo otra posibilidad, construir la orientación sexual de dios, como he construido el resto de características; A partir de lo que yo puedo entender. Por eso mi dios es gay, lo tengo bien claro, y Jesús es su hijo concebido por subrogación. María no fue una mujer utilizada y sometida, sino la persona que decidió ayudar a dios para que éste llevase a cabo su decisión de traer vida al mundo. La relación entre mi hombre dios, y la mujer María, no tiene nada que ver con el sexo, sino con la colaboración entre quienes son conscientes de que los poderes de este mundo deben ser transformados a partir del amor, no de relaciones de dominación. Y eso necesita siempre la acción tanto de Dios, como del ser humano.

Cierto es que la homosexualidad de dios no dice en principio nada positivo sobre él, numerosos son los ejemplos en los que la homosexualidad es entendida como alineación. Pero mi dios gay es un dios que es consciente, por su propia homosexualidad, de que la diferencia es un valor que suma en el mundo, un valor necesario para comprender la realidad, y desde donde ésta puede ser transformada. Mi dios gay es tolerante, respetuoso, sensible, alegre, empático, amante, imaginativo, introspectivo, prudente, y sabe relacionarse con las mujeres como personas, no únicamente como objetos sexuales. Mi dios es fiel, construye relaciones familiares en las que la sangre no lo dice todo y donde nadie está por encima de los demás. Es sobre todo, un dios amigo de las personas. Como ha sufrido el rechazo, sabe consolar a quienes sufren y se alegra con los que son felices. Mi dios gay tiene que reinventarse todos los días para poder enfrentarse a la vida real. Mi dios gay me ama, estoy convencido, como al resto de personas independientemente de su género, sexo, orientación sexual, o cualquier otra característica personal. Aunque también es cierto, que no tanto como Dios mismo.

Carlos Osma

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