lunes, marzo 12

Noemí y Rut. Una sola carne, un único destino.


Leer el libro de Rut es adentrarse en un mundo diferente al nuestro, aproximarse a la vida de mujeres que para sobrevivir utilizaron las armas que la sociedad patriarcal dejaba a su disposición. Es poner rostro a aquellas cuya identidad excluía de la comunidad de Israel(1), y escuchar las razones de quienes se oponían a los maestros de la Ley que las llevaban al destierro, la marginación y probablemente a la muerte; para intentar aplacar el castigo de un dios caprichoso que no aceptaba sus uniones(2).

Leer el libro de Rut es encontrarse con mujeres que abandonan su tierra por el hambre, que pierden a maridos e hijos y se quedan solas. Mujeres pobres, que hacen lo que está en su mano para alimentarse, que animan a otras a dejarse poseer por hombres borrachos para así seguir viviendo. Mujeres que cogen en brazos a sus nietos, y se comprometen a educarlos con los principios de una sociedad que las discrimina.

Pero leer el libro de Rut es entender también que en ese mundo femenino, en esos espacios que la sociedad patriarcal dejaba para que pudiesen vivir, el amor entre ellas siempre ha estado presente. No importa que no se nombre, o se desconozca la manera de decirlo, de expresarlo, si Noemí y Rut hubiesen podido decir lo que amaban, si hubieran podido levantar su amor por el cielo como una nube de luz, si hubiesen podido derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor(3)… si hubiesen sido libres para poder hacer todo eso, muy probablemente nos lo dirían con palabras semejantes a las que utilizan muchas mujeres de hoy, que aman a otras mujeres:

“Te amo como mi semejante
mi igual mi parecida,
de esclava a esclava
parejas en la subversión
al orden domesticado.
Te amo ésta y otras noches
con las señas de identidad
cambiadas,
como alegremente cambiamos nuestras ropas,
y tu vestido es el mío
y mis sandalias son las tuyas.
Como mi seno
es tu seno
y tus antepasadas son las mías…”(4)

Y ese amor que Noemí y Rut se declararon, como miles de mujeres antes y después de ellas, no tenía que ver tanto con palabras prohibidas, sino con actitudes. Sólo un amor profundo sabe reconocer la libertad de la otra. Por eso Noemí liberó a su nuera de seguir su difícil camino, por eso la invitó a renunciar a ella y volver a casa de sus padres donde podría sentirse más segura. No intentó poseerla, hacerla suya, nada tenía que ofrecerle, salvo su amor sin nombre. Por eso le pidió que se marchase dándole un beso. Bien sabía Noemí que su destino le exigía abandonar sus esperanzas, y dejar libre a quien tanto había compartido con ella.


A ese amor que no posee, que no convierte en objeto al ser amado, Rut respondió sin pensar, pero sabiendo muy bien a lo que se enfrentaba. Dejar su casa, su pueblo, hacerse una sola carne con ella, hasta que la muerte las separase, renunciar a lo más sagrado, incluso al dios que hasta entonces había conocido, fue su decisión. Porque sabía bien que Noemí era su casa, su pueblo, su carne, y que sólo gracias a ella podría conocer a un nuevo Dios. En aquel momento sólo Noemí justificaba su existencia, si no la hubiese conocido, no hubiese vivido; Si muriese sin ir tras ella, no moriría, porque no habría vivido(5).

Dice el evangelista(6) que la salvación para este mundo, tiene mucho que ver con la decisión de estas dos mujeres de permanecer unidas. Había un dios que rechazó a Rut, sólo por lo que era, sin que ella hubiese hecho nada por merecerlo. Pero hay otro Dios, que la escogió, por permanecer fiel a quien tanto amaba, y para que gracias a ellas, su Hijo se hiciese uno de nosotros. Donde unos vieron impureza y peligro, nuestro Dios vio valentía, compromiso y amor. Un amor sin nombre en aquel momento, como el Dios que iba a su lado, mientras caminaban juntas hacia el lugar donde nace la esperanza.



Carlos Osma


Notas:

(1)     Dt 23,3 impide entrar a moabitas, como Rut, en la congregación del Señor.
(2)     Esd 9-10 muestra como tras la vuelta del exilio los matrimonios entre israelitas y moabitas son disueltos y las mujeres son expulsadas y abandonadas a su suerte. El libro de Rut contiene una clarísima crítica a esta política oficial.
(3)     Parafraseando el poema de Cernuda “Si el hombre pudiera decir”.
(4)     Poema de Cristina Pieri Rossi en “Lingüística general”.
(5)     Parafraseando el poema de Cernuda “Si el hombre pudiera decir”.
(6)     Mt 1,5 sitúa en la genealogía de Jesús a Rut.

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