lunes, marzo 19

"La Pepa" y los protestantes


Este año se celebra el bicentenario de la primera Constitución en España, conocida como La Pepa. El Borbón Fernando VII la derogó dos años después. Sí, he dicho Fernando VII, antepasado directo del rey que hoy nos ha llamado a encontrar en ella referencias e inspiración para afrontar las dificultades que estamos atravesando.

Evidentemente La Pepa tuvo muchas virtudes, pero la libertad de culto no fue una de ellas. “En el artículo 12 del capítulo II indica explícitamente: La religión de la nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana, única y verdadera. La nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra[1]”. Dos siglos después podemos justificar de mil maneras esta incongruencia de una Constitución adelanta a su tiempo, al tiempo de los católicos. Pero evidentemente no fue una Constitución que ayudara a los tiempos que vivían los protestantes españoles.

No hay muchas referencias a protestantes en aquella época, es lo que tiene la marginación, que no existe a los ojos de los que dirigen o los que escriben la historia. Por lo que en pocas ocasiones logra dejar rastro para las generaciones posteriores. Quizás podemos recordar hoy a Miguel Solano, que en 1805 fue encarcelado por el Santo Oficio por su fe evangélica, y diagnosticado como enfermo mental al manifestar doctrinas falsas, hasta que murió poco tiempo después. O a Blanco White que en 1810 huye a Inglaterra, desde donde luchó por la libertad religiosa y política en nuestro país. Blanco lo tenía claro, la actitud tan reaccionaria de la Constitución de 1812 en cuestión religiosa, tenía su origen en el miedo de los españoles a la Iglesia Católica.

No fue fácil la vida para hombres y mujeres que pusieron por delante su conciencia a la condena de una Iglesia Católica que los persiguió, y a un país, el suyo, que no los tuvo en cuenta. Eran simplemente una minoría invisible, pero que cuestionaba la moral y el orden de aquella época.  Desde Homoprotestantes queremos recordar a todas esas personas que fueron abanderadas del protestantismo en nuestro país, pero también de la libertad de expresión y de conciencia.


Tristemente no podemos decir que los representantes protestantes actuales, me refiero por ejemplo a FEREDE, hayan seguido su el ejemplo. Coinciden en defender la libertad de culto, pero sólo hasta aquí han podido seguirlos, la libertad de conciencia de cada creyente ante Dios les parece bastante peligrosa. Por lo que hace unos años decidieron invisibilizar y marginar al colectivo protestante lgtb. Para ellos la única orientación sexual posible para los protestantes españoles es y será siempre la heterosexualidad, la única querida por Dios y la verdadera. Y para protegerse de leyes injustas, prohíbe en su seno cualquier actividad que haba visible la diversidad, bajo amenaza incluso de expulsión. 

Hoy, dos siglos después de la Constitución de 1812, recordamos a quienes se quedaron fuera de un país exclusivamente católico y tuvieron que pagar por ello. Y lo hacemos denunciando que sus seguidores, dejan fuera de las comunidades protestantes a quienes reivindican su libertad individual para vivir, en coherencia con su fe: su afectividad, su manera de entenderse y/o de identificarse.

Carlos Osma



[1] García Rubio, P. “La Iglesia Evangélica Española” (Departamento de Publicaciones de la IEE. Barcelona, 1994), p. 30.

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