jueves, 8 de diciembre de 2011

Un paso más hacia una Iglesia inclusiva y valiente.

Le hemos pedido Àngel Llorent, expresidente de la Associació Cristiana de Gais i Lesbianes de Catalunya, que escribiera para Homoprotestantes una reflexión. Le agradecemos que lo haya hecho, y esperamos que siga colaborando con nosotros en el futuro.

Mucha de la gente que entramos por las puertas de la Iglesia, en mayúscula, entramos heridos o heridas. Entramos con un bagaje que nos ha llevado a la exclusión de una manera u otra. Quizás hemos entrado con fuerzas y ánimo para predicar el Mensaje pero los años o las circunstancias nos han ido cambiado o acomodando y pensamos que ya nuestro trabajo ha acabado, y no hay nada más lejos de la realidad.
¿Pero, qué mensaje predicó Jesús?
Jesús, no rehuyó los problemas o situaciones que se le presentaron. En todo momento Jesús, habló referente a una comunidad que recogiera en sus brazos aquellos/as que estaban asustados/das, aquellos que tenían miedo, aquellas que se las perseguían por su condición social o su estatus matrimonial, aquellos que sólo pensaban en la recaudación, aquellas que se dedicaban a actividades ‘de mala fama’, en definitiva a todo aquel desahuciado por la sociedad.
Jesús nos deja un mensaje de poder, y así quiso que lo comunicáramos por todas partes: Un mensaje contundente, claro y valiente, no doctrinas vacías hechas por hombres y doctrinas que asustan y quitan la libertad de las personas.  Si Jesús hubiera comunicado un mensaje que a los fariseos y saduceos les hubiera placido, de nada nos habría servido a nosotros.
Entendiendo, pues, un mensaje así: una iglesia inclusiva, es aquella que romperá moldes de su tiempo. Una iglesia inclusiva es aquella que no dirá a todo, ¡no! Una iglesia inclusiva es aquella que luchará por predicar un mensaje ecológico en defensa del planeta y su aprovechamiento y cuidarlo.
Una iglesia inclusiva es aquella que no tendrá nada que ver con las etiquetas sociales, aquella que no te mirará la etiqueta de autenticidad espiritual porque perteneces a unos cristianos o a otros, a una familia o a otra.
La Iglesia inclusiva tiene que trabajar por el bien social, para hacer práctico el mensaje de Jesús hoy, y no por el que hace cien años servía. La Iglesia inclusiva es la que trabaja para entender el devenir de la sociedad en la que vivimos y  sacar unas conclusiones con las que podemos ayudar y posicionarnos. Trabajar para estudiar los temas que no entendemos y llegar claramente y sabiamente a una postura nada ambigua, la que no rehúye de la responsabilidad de ser una comunidad de luz, de perdón, de sanidad, una comunidad a la vez, alegre y feliz, preocupada del bienestar del prójimo, los de dentro y los de fuera.
La inclusividad, no es una palabra o concepto nuevo, ya no habrá más ni griego ni judío, ni hombre ni mujer, ni esclavo ni libre, y ponedle las comparaciones que creáis adecuadas hoy: no  habrá más ni letrados ni analfabetos, no  habrá más españoles ni catalanes, no  habrá nunca más ni casado ni divorciado, ni hetero ni homo, ni católicos ni protestantes, etc.
De ninguna forma creemos que caeríamos en la incompatibilidad de ideas de inclusividad y exclusividad si cómo dice en Ignacio Simal en un último artículo: Pues bien, cuando observo, como pastor protestante, el daño moral, la expoliación económica y el férreo control que algunos grupos cristianos -no me importa si son evangélicos o católicos- causan a mis hermanos y hermanas en Cristo la “calma y la moderación” se escurren entre mis dedos.
Mi ecumenismo intenta no pecar de ingenuidad. De ahí que excluya a aquellos grupos eclesiales que son encarnaciones innegables de talantes y prácticas que Jesús de Nazaret denunció de una forma inmoderada, si es que el texto de los evangelios no miente. Mi ecumenismo tiende a excluir a grupos cristianos que, de facto, envían la “Carta de los Derechos Humanos” a la gehena.
La religión es o tiene que ser un cúmulo de experiencias de vida que se nos han sido ofrecidas. Según vivimos un mensaje determinado, esto nos hará responder de una forma o de una otra. Si nosotros vivimos las experiencias como base, el Mensaje rompedor de Jesús,  nuestras respuestas tendrán que ser tan concretas, claras y sin duda como las de él.
El Mensaje propone una serie de propósitos y principios para llevar una vida sana; una vida totalmente, correctamente y éticamente inclusiva. No hay lugar para la exclusividad fundamentalista, arcaica, ramplona y sordo-ciega.
Preguntaos, en vuestro corazón, que piensas cuando si fueres una persona que tiene una necesidad, del tipo que sea, y se le espeta desde la comunidad: “lo siento tú no entras con nosotros”.