jueves, febrero 11

En busca de una espiritualidad homosexual II


Terminé el artículo anterior afirmando que el punto de partida de la espiritualidad homosexual es la libertad. Me gustaría reflexionar ahora sobre las dificultades a las que nos enfrentamos al llevarla a la práctica, y de qué manera nos implica en nuestra vida real. Porque podría ser que la palabra libertad sólo fuera eso, una palabra; y nuestra espiritualidad, una construcción de diseño sin ninguna profundidad, que no cumple su verdadero sentido: Implicarnos en el mundo y aproximarnos a Dios.

Reflexiono a partir de mi experiencia y del texto bíblico, concretamente de las experiencias de liberación que el pueblo judío nos ha transmitido por medio del libro del Éxodo. La historia que allí encontramos tiene un núcleo histórico que ha sido posteriormente reelaborado teológicamente, engrandecido y mitificado. Aunque personalmente, me importa relativamente poco si fue en Egipto, en Babilonia, o desde cualquier otro lugar o experiencia, donde el pueblo judío se dio cuenta de que su Dios era liberador. Lo determinante es, si lo que allí se narra tiene aún algo que decirnos.


Parece poco probable que todo el pueblo se atreviese a huir, sé que entro en el campo de la imaginación, pero supongo que no todos los judíos sufrían el mismo tipo de esclavitud, y por eso prefirieron quedarse. Quizás más de uno había logrado una parcela de poder, por ridícula que ésta fuese, regalada por el Faraón como estrategia para reforzar su sistema opresivo. Es algo que se da con frecuencia en cualquier sistema que pretende controlar a grupos humanos, y nuestro colectivo no se escapa de esta realidad. No son pocas las personas que defienden el sistema heteronormativo que les oprime, porque al mismo tiempo les proporciona prestigio, un medio de vida, o ingresos económicos. ¿Qué espiritualidad viven estos homosexuales? Muy fácil, una que empieza y termina en el mismo lugar, en ellos mismos. La finalidad salvar el pellejo. Individualismo divinizado, nada más.

También habría enfermos, o personas mayores para las que ya no había posibilidad de huir. Personas utilizadas y destruidas por el sistema opresivo. Es triste ponerse en su piel, convencidos de que ya no hay salida, de que sus circunstancias no les permiten soñar. Uno siempre se revela contra la no posibilidad, y prefiere creer que es mejor morir en el desierto como un ser humano libre, que ser un muerto viviente en Egipto. La espiritualidad de estas personas es la del fracaso, la del ir tirando como se pueda, sin creer que se puede participar activamente en lo que ocurre. Espiritualidad que no cree en el poder de Dios, aunque lo afirme con palabras.

Estarían también los que preferían la libertad del esclavo a la responsabilidad de la libertad de Dios. Mujeres y hombres convencidos de que la libertad empezaba y terminaba en las normas que el Faraón imponía, el que se salía de ellas, malinterpretaba la libertad. Faraones de este tipo tenemos para dar y tomar en nuestra sociedad, pero también dentro de aquellas comunidades cristianas donde las estructuras han ahogado la libertad del ser humano. Las espiritualidades homosexuales que nacen en este contexto no son libres, sino impuestas por un Dios caprichoso que juega con las personas, obligándolas a cumplir leyes que les hacen sufrir. Espiritualidad del miedo, que no confía en el ser humano, que no lleva ni al prójimo ni a Dios, sino al legalismo.

Pero hubo judíos que sí salieron, que se atrevieron a cruzar el Mar Rojo, que creyeron que existía una libertad que hasta entonces sólo conocían de oídas. ¿Qué hizo que salieran? ¿Qué les llevo a poner en peligro sus vidas? ¿Por qué ellos sí y los otros no? La personalidad de Moisés no lo explica todo. Supongo que hay respuestas diversas, pero creo que todas ellas comparten algo: La confianza en Dios. Por eso, cuando en la huida todo se ponía en contra de ellos, se rebelaban y desconfiaban del Dios liberador. Sólo Él les había convencido de que era posible una vida más humana, sólo Él era el responsable de lo que les ocurriese. Dependencia total de Dios, esta es la espiritualidad que de aquí se desprende, y estoy convencido de que ésa es la espiritualidad que debe buscar el creyente homosexual, que se sabe guiado junto a otros hacía un lugar dónde ha de vivir plenamente.

Pero sería un error olvidarnos de las amenazas de esta libertad. Algunos judíos descubrirían con el tiempo, en el reino de Israel, que habían sido liberados de una esclavitud, pero que habían caído en otras. Que los amos ahora tenían otra cara, pero los esclavos seguían siendo ellos. La sociedad israelita no fue un ejemplo de igualdad, cosa que los profetas denunciaron constantemente. Cuidado con una espiritualidad homosexual que se olvida de que un día fuimos esclavos en Egipto. Algunos piensan que estar recordando siempre esta situación, es una forma de no avanzar, de no normalizar, pero yo creo que ése es el núcleo de nuestra reflexión, porque forma parte de nuestra experiencia, y si la olvidamos estaremos condenados a repetir los esquemas represivos en los que vivíamos, aunque tengan otros nombres.

Somos libres, y sabemos de dónde hemos salido, pero: ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene una espiritualidad que nace de esta experiencia? ¿Nos implica en algo? Jesús dirá que, entre otras cosas, el sentido de su espiritualidad era “liberar a los cautivos”. Esta es pienso yo la respuesta. No sólo no intentar no oprimir a otros, sino saber que nuestra experiencia nos implica en la liberación de otros oprimidos. La espiritualidad siempre lleva al otro, a través de nuestra experiencia de Dios. Ésta es, no sé si la única, pero si la forma más evidente de convertir en positivo algo que quizás empezó siendo muy negativo.

Sé que muchos pensarán que no he descubierto nada nuevo, que esta espiritualidad no tiene nada que ver con la homosexualidad, sino que es una espiritualidad cristiana para todos. Y es verdad relativamente, porque las personas homosexuales tenemos que encarnar con nuestras propias experiencias la espiritualidad que vivimos, para que de esa forma sea más significativa. Rechazando las voces que nos dicen que esta parte de nosotros no tiene nada que aportarnos, que es irrelevante. Pero se equivocan, porque sólo a través de las marcas que este proceso de liberación ha dejado en nuestro cuerpo, y de los sufrimientos y alegrías que nos ha proporcionado, podemos vivir una espiritualidad real y encarnada.

Un día fuimos esclavos en Egipto, pero Dios nos escogió, y nos liberó. Ésta debería ser nuestra convicción a la hora de acercarnos a Dios y al resto de seres humanos. Éste tendría que ser el eje principal de una espiritualidad homosexual liberada.

Carlos Osma
Fuente: LupaProtestante

1 comentario:

  1. gracias por tu testimonio.
    Vicente, Valencia

    ResponderEliminar

Tus comentarios enriquecen este blog, y a las personas que lo leen. Así que muchas gracias por tus aportaciones. Recuerda que para que se publiquen debes indicar tu nombre.