jueves, enero 21

En busca de una espiritualidad homosexual



¿Existe una espiritualidad homosexual? O dicho de otra forma: ¿vivimos los homosexuales una espiritualidad diferente a la de los heterosexuales? Algunas personas sostienen que sí, que al igual que existe una espiritualidad femenina diferente a la masculina, existe una homosexual frente a la heterosexual. Las razones que se esgrimen son diversas, entre ellas, que la espiritualidad es algo tan íntimo, que se vive de forma diversa según las características personales. Sobre todo cuando estas características se han convertido en un signo de identidad relevante dentro de nuestra sociedad.

Es cierto que nuestras particularidades y experiencias nos marcan a la hora de vivir la fe, sin embargo como protestantes no podemos obviar la importancia tan determinante que tiene la Biblia en todo esto. Y aquí es donde reside la gran dificultad, puesto que el texto bíblico es claramente heteronormativo . Aún así, tendríamos que reconocer que la heteronormatividad no es la única dificultad para el creyente de hoy al acercarse a la Biblia, existen otras como el androcentrismo. Cosa que no ha impedido a las mujeres articular su visión particular de Dios de una forma clara y comprensible, en beneficio del conjunto de creyentes. ¿Podremos hacer nosotros lo mismo?

Además, otro de los grandes problemas en todo esto, es que chocamos con una estructura religiosa fuertemente heterosexista que se resiste a ser cuestionada, y que nos recuerda que la existencia de una espiritualidad cristiana homosexual fuerza excesivamente los principios de la escritura. Ante esta opinión, estaría bien recordar que nadie está libre de ideología, y que la única forma de criticar una de ellas, es situarse en otra. ¿Sólo la teología que surge de una experiencia homosexual está influida por su contexto? ¿Tan poco relevante es la heterosexual? ¿Podrían afirmar rotundamente que algunos principios cristianos que ellos consideran inamovibles, no han sido influidos por su género u orientación sexual? Me cuesta creer que sólo las personas heterosexuales tengan la capacidad de leer de forma neutra y pura el texto bíblico.

La heteronormatividad es una construcción sociopolítica que, al igual que muchas otras, recorre la Biblia de principio a fin. Por eso mismo, y como hemos dicho ya, determina la experiencia cristiana protestante. ¿Cómo deconstruirla? ¿Cómo liberar al texto bíblico de este lastre? ¿Cómo hacer que los creyentes dejen de leer como algo lógico la exclusión de las personas homosexuales? ¿Cómo desnaturalizar, no sólo unos cuantos textos inhumanos, sino una visión bíblica de la sexualidad que atenta contra la diversidad en la creación de Dios? Hay que reconocer que la tarea es complicada, aunque no por ello imposible.

Al hablar de homosexualidad y cristianismo rápidamente surgen textos como: “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos(1)”. Una interpretación que surgiese de una experiencia homosexual no pondría la condena por encima del sufrimiento. Más bien denunciaría la utilización del nombre de Dios por parte de la religión, para ejercer un control social a favor de los intereses de las mayorías. Para pasar después a dignificar a todas las personas asesinadas, torturadas o rechazadas, por la influencia de textos como éste a lo largo de la historia. Dios está siempre al lado de la víctima, esa es la convicción profunda del cristianismo, ése es el mensaje del Cristo crucificado. A la palabra del Dios opresor no se le puede dar más credibilidad que a la del Dios de los oprimidos.

Más controversia han producido las diferentes voces que en los últimos años han defendido la homosexualidad de Jesús. Aunque a simple vista pueda parecer una afirmación estrambótica, que como muchas otras aplica a Jesús categorías modernas, su fuerza reside en que pone al descubierto la utilización de la figura de Jesús para defender el sistema heteronormativo. Algo similar a lo que ya antes había apuntado tan acertadamente la teología feminista: “cuando Dios es visto como hombre, los hombres son presentados como Dios”. Y a lo que evidentemente nos oponemos.

Ante esta apropiación ilegítima no creo que la persona homosexual deba claudicar, y al leer textos como: “Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús(2)”, puede alegrarse viendo como Jesús no renunció a amar a las personas de su mismo sexo, e incluso que a uno de esos discípulos lo amó de una forma diferente. Eso es lo que parecen decir los seguidores de Jesús cuando llaman a uno de ellos El discípulo amado. Debería también observar sin censuras la imagen que nos proporciona este texto, la de un Jesús que permite que otro hombre le muestre su amor, y que no ve en la afectividad entre personas del mismo sexo ninguna amenaza. Jesús vive el amor con personas de su mismo sexo de forma abierta y desinhibida.

De todas formas no deberíamos imponer ninguna lectura gay o lesbiana como correcta. En primer lugar porque las personas homosexuales somos diversas, y no compartimos una única forma de ser, sentir, o de situarnos ante Dios y el mundo. Por lo que la diversidad ha de ser una característica irrenunciable de la espiritualidad homosexual bien entendida. Y en segundo lugar, porque nunca hay que olvidar que también nuestra interpretación es parcial, condicionada y está expuesta a ser corregida. Nadie puede proponer una interpretación definitiva de la Biblia. Así que tendríamos que estar más que conformes, con una que ilumine nuestro día a día.

Pero siendo conscientes de todas las limitaciones, hay que reafirmarse en el principal sentido que actualmente tiene una espiritualidad homosexual, y que no es otro que el de enfatizar la experiencia de liberación frente a los que pretenden que vivamos oprimidos. Trabajando, en la medida de nuestras posibilidades, para ensanchar hasta el infinito los entornos donde poder vivir más libremente. Algo que posee un sentido netamente evangélico, porque el punto de partida de cualquier espiritualidad cristiana es la libertad. Sólo con ella, podemos acercarnos a la heteronormatividad del texto bíblico para desenmascararla, para decir que esta construcción humana no tiene nada que ver con Dios. Ella nos esclaviza, Dios nos libera.

Autor: Carlos Osma
Fuente: Lupa Protestante

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